Ceuta, de ciudad autónoma a centro de deportación?

El gobierno español ha liderado la oposición a la creación de centros de deportación extraterritoriales, es decir, centros situados fuera de la Unión Europea donde se desplazarían forzosamente los demandantes de asilo, mientras se tramita su solicitud, y aquellos inmigrantes irregulares objeto de una orden de expulsión mientras se resuelve su ejecución. Como se sabe, había sido el gobierno de Giorgia Meloni quien había liderado la idea, y ya dispone de dos centros en Albania con capacidad para 3.000 personas. Aunque la Comisión había manifestado reticencias, forman parte de la política europea de gestión de fronteras a partir de la aprobación, por parte del Parlamento, del Pacto Europeo de Migración y Asilo.Como se sabe, los centros en Albania no acaban de funcionar porque la justicia italiana ha visto muchos problemas en ellos. Paradójicamente, España está construyendo el primer centro de deportación extraterritorial europeo plenamente operativo. En Ceuta.Por una parte, Sánchez está recibiendo una presión enorme para no trasladar a la Península a ninguna de las miles de personas que entraron irregularmente y que no quieren volver a Marruecos. Esta presión no solo le llega de los partidos de la oposición, sino también de muchas cancillerías europeas, muy incómodas con la reciente regularización masiva de inmigrantes en España. También sabe que la opinión pública española lo vería con muy malos ojos. Ha tanteado la posibilidad de trasladar allí a un colectivo especialmente sensible —chicas menores no acompañadas— y hacerlo a centros privados y a cargo del Estado, pero no ha tenido mucho éxito. Por otra parte, que una parte significativa de quienes protagonizaron la entrada acabasen consiguiendo llegar a la Península constituiría un precedente suicida. La política oficial es, pues, que todos los que entraron ilegalmente serán expulsados excepto quienes tengan derecho a asilo y los menores no acompañados que no puedan ser retornados a Marruecos con garantías suficientes. Las expulsiones, sin embargo, serán muy lentas, como se ha apresurado a advertir el ministro Torres.Mientras tanto, las administraciones están proporcionando a los migrantes centros donde puedan dormir, ducharse y recibir atención médica y alimentos. El resto del tiempo, estos miles de personas, mayoritariamente hombres jóvenes, deambulan sin mucho que hacer por una ciudad de 80.000 habitantes con muy poco trabajo para ofrecerles. Haría falta un milagro para que este estado de cosas no desembocara en conflictos, y, de hecho, estos han empezado muy rápidamente. Las autoridades españolas necesitan tiempo para emitir órdenes de expulsión con las garantías que exige la ley, pero, una vez lo hayan hecho, el gobierno marroquí no pondrá fácil su ejecución. ¿Por qué lo tendría que hacer si su interés estratégico es desestabilizar Ceuta y Melilla? 

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Es previsible que la presión por parte de los ciudadanos de Ceuta para sacar a los migrantes de la calle acabe siendo irresistible: recordemos que estamos hablando de un migrante —mayoritariamente hombre joven— por cada diez o doce habitantes —incluidos niños y ancianos, de los cuales la mitad mujeres—. De esta manera, es de prever que los centros de acogida de migrantes se convertirán progresivamente en centros de retención de migrantes, en un proceso que se acelerará ante cada incidente. Todos sabemos que a menudo las soluciones provisionales se vuelven permanentes cuando satisfacen un problema para el cual no se tiene una solución mejor. No es descabellado, por tanto, imaginar que el flujo acabe yendo de la Península a Ceuta en vez de en sentido contrario: es decir, que se envíen allí migrantes con orden de expulsión pero con dificultades para ejecutarla. Obviamente, con la consiguiente compensación económica para la ciudad-prisión.De esta manera, y paradójicamente, España estaría construyendo un centro extraterritorial de deportación de migrantes irregulares con el doble de capacidad que los de Meloni en Albania. Es cierto que técnicamente Ceuta es territorio español y, por tanto, europeo, pero también lo es que Ceuta está fuera del espacio Schengen y, por tanto, fuera del espacio de libre circulación de personas, que es, al fin y al cabo, lo que importa.¿Existe alguna alternativa? Joaquim Coello propone convertir Ceuta en un gran puerto franco capaz de crear miles de puestos de trabajo. A la larga, un proyecto como este permitiría que Ceuta escapase al destino que la geopolítica ha establecido para este enclave de “la Europa fortaleza” dentro de la África exportadora de personas. A corto plazo, daría a sus ciudadanos la única cosa que les puede permitir soportar las dificultades: esperanza. Sin embargo, las dificultades del proyecto son enormes, y exigirían, por tanto, una voluntad férrea por parte del Estado y de la ciudad. En cualquier caso, lo que está claro es que, contra lo que el jueves Sánchez prometía en el Congreso, Ceuta no recuperará nunca más la normalidad.