Así cocinaba el PP, más allá de la corrupción
1. Mientras aquí nos comemos la mona, en Madrid trabajan. El tercer trimestre del curso comienza con una de esas noticias que traerán cola. Este lunes arranca en la Audiencia Nacional el juicio por la operación Kitchen. El caso volverá a situar al Partido Popular en el epicentro del fango. Y es que este no es, solo, un caso de corrupción. Es mucho más que eso. Se investiga si el partido que mandaba utilizó al Estado para tapar su propia corrupción. Los indicios parecen claros, pero la justicia, en España, siempre puede salir con un cirio roto.
2. El nombre de Kitchen con el que se bautizó este estercolero no podía ser más acertado. La kitchen como metáfora perfecta del lugar secreto donde se cocinan las recetas hechas a escondidas. Estas maniobras sucias, urdidas fuera de cualquier control judicial, tenían el objetivo de hacer desaparecer pruebas que demostraran que la caja B era el pan de cada día en la repartidora de dinero negro dentro del PP. Por eso se espió al que era el extesorero del partido, Luis Bárcenas. Por eso se compró a su chófer para que se convirtiera en un confidente que revelara información confidencial. Por eso se robaron documentos que podían comprometer, aún más, a los que mandaban en la sede de la calle Génova por toda la trama de la Gürtel y de otras derivadas de dinero público en el bolsillo de unos cuantos.
3. La policía patriótica, con tics de dictadura y con el vicio adictivo de actuar al margen de la ley, tanto servía para intentar acabar con el Procés, como para fastidiar a “podemitas”, como para salvar al partido gobernante de sus escándalos de corrupción. El modus operandi de aquellos años oscuros era siempre el mismo: utilización de fondos reservados, actuaciones que se escapaban de cualquier control judicial y el denominador común de la utilización de policías que, a escondidas y por el presunto bien del Estado, hacían lo que hacía falta. “El que pueda hacer, que haga” de Aznar era una instrucción clara. Y sus Villarejo, Eugenio Pino y Martín Blas de turno ejecutaban las órdenes que recibían, con gusto y ganas. ¿Quién mandaba? Los principales imputados por la Kitchen son Jorge Fernández Díaz, que entonces era el ministro del Interior, y Francisco Martínez, su mano derecha. El señor de Barcelona, que se creía intocable antes y después de ser ministro, que bendecía la operación Cataluña, que se vanagloriaba de haber acabado con la sanidad catalana y que sabía cómo hacer que la Fiscalía “afinará” los temas delicados, este Lunes de Pascua se sentará en el banquillo de los acusados por la operación Kitchen. ¿Finalmente sabremos, después de este juicio, qué muertos tenía en la despensa de los servicios secretos españoles? De momento los que se salen con la suya son Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal. No están imputados por la justicia a pesar de que las investigaciones periodísticas los señalan muy claramente. Hemos leído mensajes de Francisco Martínez que hablaba de informar “al Presidente”. Hemos escuchado conversaciones entre De Cospedal y Villarejo que dejan poco margen a la interpretación. Pero uno y otra solo irán al juicio como testigos.
4. En cualquier caso, la corrupción por el caso Gürtel echó de la Moncloa al PP de Rajoy y permitió a Pedro Sánchez llegar a presidente. Ahora el juicio de la Kitchen puede poner aún más difícil el retorno del PP al poder. Y solo se me ocurre una cosa peor: la dependencia aún mayor que tendrá de Vox un Partido Popular debilitado. Ya se las apañarán. El juicio durará hasta junio. La sentencia se hará esperar. De momento, iremos mojando pan con el olor. Mientras aquí nos comemos la mona de Pascua, en Madrid empezarán a romper los huevos.