23 de marzo de 2007, Verges (Baix Empordà), horas antes del primer concierto de despedida de Lluís Llach. En plena entrevista, salta la noticia: todas las líneas de Cercanías del país están detenidas y también hay trenes parados y retrasos al servicio de trenes de media y larga distancia. La razón: una avería en el sistema informático de Adif ha afectado al Control de Tráfico Centralizado de Barcelona, situado en la Estación de Francia. Es muy parecido a lo que ocurrió ayer, pero casi diecinueve años después.
Desde entonces hemos ido de mal en peor. Por eso la recién constituida empresa mixta Rodalies de Catalunya tiene menos sentido cada día que pasa. Es obvio que las dos empresas responsables del caos, Renfe y Adif, no pueden formar parte de la nueva empresa que debe sacar a Catalunya del caos ferroviario, porque continuaremos maniatados con sus pies y manos, expuestos a sus intereses corporativos, al igual que ocurre con los maquinistas. Para obtener resultados diferentes es necesario hacer cosas diferentes, como que Cercanías sea un servicio de los Ferrocarrils de la Generalitat. Que el ministro Puente diga que Renfe no puede "trocear" (como les gusta esta palabra cuando les conviene) el servicio "que nos interconecta" es una broma de mal gusto. ¿Nos conecta a qué, ministro? En el robo de vida de cientos de miles de personas y en la miseria económica del país.
Por último, el antecedente de Ribarroja transformado en Orilla Roja y de la existencia de Santo Sadurní en una nota de prensa del gobierno socialista español en el 2026 deberíamos ir a encontrarla un poco más atrás: al 1 de abril de 1939, concretamente.