Análisis

Los déficits y superávits de Trump

El presidente de EEUU, Donald Trump, durante el anuncio de los aranceles
20/02/2026
Adjunto a la dirección
3 min

BarcelonaUna de las apuestas del presidente de EEUU, Donald Trump –quizás la más importante junto con las deportaciones masivas–, no ha pasado el filtro del Tribunal Supremo. Y esto, pese a controlar un organismo de clara mayoría conservadora. Sin embargo, sin cuestionar si es necesario o no imponer aranceles a terceros países, los jueces del máximo órgano jurídico del país, con un resultado de 6 a 3, consideran que Trump se ha extralimitado al aplicar impuestos a las importaciones sin pasar por el Congreso. Dejan en evidencia uno de los déficits del mandatario de la primera potencia mundial. Y no se trata del déficit comercial que asegura que quiere combatir, sino del democrático, al recurrir a una ley (IEEPA) que da poderes al presidente para afrontar con manos libres "amenazas inusuales y extraordinarias" durante emergencias nacionales. Los magistrados han interpretado que la IEEPA "no autoriza los aranceles aplicados a través de órdenes ejecutivas".

Pero el democrático no es el único de sus déficits. Los datos del déficit comercial del año pasado, 900.000 millones de dólares, casi igualan a los del ejercicio anterior, en el que no existían estos aranceles, y se sitúan al nivel de los grandes déficits de los años 60 del siglo pasado. Esto, sumado a que numerosos estudios revelan que más del 90% del coste de los aranceles a las exportaciones extranjeras a Estados Unidos lo pagan las empresas y los consumidores estadounidenses, revela otro déficit, el de gestión, que choca con la constante tendencia a mostrarse como empresario ejemplar y de éxito. En cualquier caso, sí se puede decir que aprovecha la presidencia para multiplicar los rendimientos económicos propios y de su familia, según el New York Times. En cambio, con los aranceles que anunció con gran fanfarria en abril del pasado año en una jornada que bautizó como el "día de la liberación", no está consiguiendo los resultados que prometió.

Con su decisión de jugar con el comercio internacional –no entramos aquí en sus intervenciones en política exterior– ha puesto patas arriba la economía mundial con idas y venidas al utilizar los aranceles como un instrumento para conseguir sus objetivos. Y ahora, con esta vez que le ha dado la justicia, genera aún más incertidumbre, porque, según se ha apresurado a decir, no abandonará lo que ha sido uno de los ejes de su mandato. Ahora anuncia un nuevo arancel del 10% con una orden ejecutiva. Sigue la incertidumbre.

Y esto ha sido una constante del mandato de Trump, que provoca, con unas declaraciones u otras, sin disimulo alguno, que las bolsas suban o bajen como un yo-yo. Pero hay que hacerse muchas preguntas, como qué va a ocurrir con al menos 160.000 millones de dólares que se han recaudado por una vía que el Supremo ha declarado ilegal. ¿Se tendrán que devolver a los importadores? El tiempo nos dará algunas respuestas. Teniendo en cuenta los precedentes, no es de extrañar que no haya calma en las bolsas y que estén a la espera. Porque si existe algún aspecto en el que Trump no tiene un déficit sino un superávit es en su capacidad de hacer que la economía baile al compás de sus declaraciones, hechas esencialmente a través de la red social propia, Truth Social.

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