Las guerras de las plataformas

¿En qué notaremos la compra de Warner por parte de Paramount?

La operación supone un golpe de puño sobre la mesa en un panorama de plataformas ultracompetitivo donde hay en juego, también, la pluralidad informativa

Apertura HBO Iconos
13/03/2026
4 min

BarcelonaEl panorama comunicativo de los Estados Unidos continúa sufriendo sacudidas que tienen que ver con la determinación de Donald Trump de reconfigurar este ecosistema a su favor. Netflix hizo una oferta para comprar una parte sustancial de Warner Bros. Discovery, pero finalmente será Paramount quien logre quedarse con la compañía y además lo hará del todo. Analizamos en este artículo qué consecuencias puede tener este movimiento entre gigantes.

Un nuevo aspirante al podio del streaming

El negocio del vídeo a la carta empieza a hacer evidente que hay espacio para un número limitado de grandes operadores. Los gigantes del sector han incurrido en grandes gastos para comprar contenidos jugosos que les permitan un buen posicionamiento, pero estas vacas gordas no son sostenibles para todos y la lógica económica dice que solo unos pocos servicios globales dominantes pueden aspirar a cuadrar los números.

A estas alturas, YouTube y Netflix son claramente el oro y la plata de esta competición. La primera vive sobre todo de la publicidad (factura unos 40.000 millones de dólares anuales en anuncios e ingresa unos 20.000 millones más gracias a las suscripciones, incluidos sus canales deportivos). La segunda, en cambio, se alimenta sobre todo de sus 325 millones de suscriptores –más que cualquier otra plataforma– y tan solo ingresa unos 1.500 millones de dólares en publicidad, lo que representa un 3% de los 45.200 millones que mueve en total.

No hay perspectivas de que en estas dos posiciones vaya a haber cambios a corto plazo. En cambio, la lucha por el bronce es más reñida. Entre los aspirantes se encuentran Disney+ y Amazon Prime Video, con unos 200 millones de suscriptores, que es justamente lo que se calcula que tendrá la nueva empresa resultante de la fusión, una vez se sumen los 132 millones que tiene Warner Bros. Discovery –procedentes sobre todo de HBO Max– y los 78,9 millones de Paramount+. La ventaja para la nueva empresa es que no se solapan mucho. La consultora Antenna afirma que solo un 21% de los suscriptores de Paramount+ tienen HBO Max, así que la suma neta, si se hibridan las dos plataformas, no perderá muchos usuarios (y se supone que será más competitiva y, por tanto, captará nuevo público).

Cuando se complete la fusión, tanto de empresas como de plataformas, se superarán fácilmente los 200 millones de suscriptores, que permiten aspirar al tercer puesto en las streaming wars. Eso sí: en tiempo de consumo –la otra gran métrica– las perspectivas no son tan buenas. La nueva plataforma combinada aspira a un 2,8% de cuota, bastante por debajo todavía del 4,9% de Disney (si se suman las plataformas hermanas Hulu y la deportiva ESPN+) y del 4,1% de Prime Video. Mucho más arriba están el 12,5% de YouTube y el 8,8% de Netflix.

Esto permitirá al nuevo coloso dejar atrás Peacock o Apple TV, que son claramente más minoritarios y quedarán ya en un vagón de cola que proyecta sombras sobre su sentido. Peacock es el servicio a la carta de la NBC, una de las tres grandes televisiones en abierto en EE. UU., y no ha conseguido un desarrollo internacional relevante. Apple TV se regala por unos meses al adquirir un aparato Apple, de modo que funciona más como imagen de marca y estímulo de compra que como servicio que aspire a la independencia y sostenibilidad económica. Diversos analistas coinciden en señalar que algunos de los servicios todavía más pequeños acabarán encontrando alianzas o fusiones para conservar una posición relevante.

La pluralidad informativa, bajo la lupa

El vaivén de Paramount es para toda Warner Bros. Discovery, y esto incluye los canales de televisión que Netflix rechazaba. En este capítulo, todos los ojos están puestos sobre la CNN. Considerada uno de los bastiones informativos de los demócratas, han empezado a saltar las primeras inquietudes sobre si la fusión comportará un cambio radical de su línea editorial. Al final, Paramount Skydance es la propietaria de la cadena CBS News, que en los últimos meses ha protagonizado diversas polémicas, y todas en el sentido de favorecer a Trump. El nombramiento de Bari Weiss como directora –alguien sin experiencia televisiva y con una agenda abierta anti-woke– se ha saldado con dimisiones, reportajes parados y unas audiencias en declive que han hecho bajar un 20% el seguimiento en los principales programas de la casa.

Con estos antecedentes, los nervios en la CNN han empezado a notarse. En las noticias de los principales medios americanos aparecían fuentes anónimas de la cadena diciendo que el ambiente era “horrible” o “deprimente”. El director general de la cadena, Mark Thompson, envió un comunicado interno en el que instaba a no sacar conclusiones precipitadas, pero la posibilidad de que Weiss tenga un rol importante también en la CNN causa inquietud en la redacción. David Ellison, máximo dirigente de Paramount, ha asegurado que “la independencia editorial se mantendrá absolutamente”, tanto en la CNN como en la CBS. Aunque él esquivó la pregunta sobre una posible fusión, en la web de CNN un artículo sugería que ejecutivos de la compañía compradora ya exploran las posibles sinergias entre las dos marcas informativas.

Netflix, un perdedor ganador

Mientras tanto, las cosas no parecen irle nada mal a Netflix, a pesar de haber perdido una operación sobre la que tenía la primera iniciativa. Al día siguiente de certificarse el acuerdo de Paramount, sus acciones crecían un 14%. Era la manera que tenía la bolsa de agradecer que la empresa no se enredara en una operación que tenía beneficios a la vista, pero también riesgos importantes. Además, aquel día la empresa ingresó una tajada inesperada: los 2.800 millones de dólares que pagó Paramount como peaje por haber conseguido romper el preacuerdo existente con Netflix.

Ambas Paramount y Warner tienen problemas para consolidar su propuesta empresarial en el mundo del streaming, cosa que a Netflix no le pasa, porque su modelo es fácil y limpio. Y, además, arrastran una cantidad de deuda considerable, cuya gestión se vislumbra más que complicada. Netflix aspiraba a quedarse con algunas de las franquicias y marcas de contenidos populares de Warner, un estudio de cine centenario, pero no lo quería hacer a cualquier precio. Aunque a la plataforma la persigue la duda de si creativamente tiene suficiente potencia, las cifras de visionado sugieren que retiene más capacidad de enganchar al espectador que nadie. Y, al final, ha sido una empresa que ha apostado más por el crecimiento orgánico que por las compras ambiciosas. La plataforma, pues, seguirá su lucha en solitario. Habrá más producción propia en Netflix, pero también más compras de series y películas que –gracias a su trabajo con los datos y las recomendaciones– funcionan mejor aquí que en sus servicios originales.

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