La dana no se retira
Las comparecencias de políticos ante la juez de Catarroja que investiga la gestión de la dana, Nuria Ruiz Tobarra, van despejando o confirmando las sospechas sobre el comportamiento de Mazón y su gobierno, y también de Feijóo, el día de la dana. Hay pocas sorpresas. Se confirma que Feijóo mintió cuando afirmó públicamente que había sido informado por Mazón "en tiempo real" de lo que sucedía el 29 de octubre de 2024 en la Comunidad Valenciana. En una tradición política menos deudora del fregolismo que la española, una mentira de tal calibre sobre un hecho de esa gravedad significaría el fin de las aspiraciones de Feijóo como candidato a la Moncloa, y seguramente el de toda su carrera política.
Se ha confirmado igualmente que Mazón mintió, también, cuando dijo que no supo que había víctimas mortales hasta la madrugada del pasado día 30, porque pasadas las once de la noche ya avisaba a Feijóo de este extremo: "Hay muertos, presi. Esto es un puto desastre". La respuesta de Feijóo también es de gran altura, tanto política como humana: "Lleva la iniciativa de la comunicación, ésta es la clave". Lo peor es la absoluta falta de preocupación –y por tanto de respeto– por las víctimas y sus familiares. Pero hay otra cosa también alarmante, y es que, ante una tragedia ya confirmada, el presidente de la Generalitat Valenciana y su jefe de filas políticas intercambiaran unos mensajes propios de un chat de niños de 12 años.
Se confirma que el guerracivilismo que impregna el día a día del PP ha convertido en tabú la palabra confinamiento, o la idea misma de confinar a la población ante una emergencia: "Levántate de la cabeza", le insistía el jefe de gabinete José Manuel Cuenca a la consejera Salomé Pradas, en unos whatsapps que ya forman parte de una cierta historia universal de la infamia. Pradas y Cuenca recibieron juntos los mismos gritos deasesinos que ya tuvo que sentir Mazón en el funeral de estado, o acto de estado, o lo que fuese lo que se hizo por las víctimas, en el primer aniversario de la riada. El llorón al Salvados no le ha eximido del desprecio ni la rabia de la ciudadanía, en particular de los familiares de las víctimas. Pero eso y su ademán colaborativo sí le pueden servir, a Pradas, para esquivar o minimizar posibles responsabilidades penales.
Mazón, mientras, ha conseguido que el Partido Popular le encuentre un acomodo (uno chiringuito, como les gusta decir a ellos) calentito, bien retribuido y –sobre todo– aforado, como diputado en las Corts Valencianes que, además, percibe ocho mil euros anuales extras como portavoz de la comisión de reglamento, una comisión de dichos fantasma porque apenas se reúne. La actividad de Mazón como diputado también es bastante fantasmagórica: hoy en día sólo ha asistido a un pleno, llegando tarde. Su escaño está situado en la última fila, lo que se puede traducir como cobra por no hacer prácticamente nada. La desafección, o directamente la aversión o el asco de los ciudadanos por la política, se alimenta exactamente así.