Muchas veces, una chapuza y ninguna novedad importante

23-F
25/02/2026
Periodista
2 min

La desclasificación parcial de documentos del 23-F no ha supuesto ningún giro histórico en la comprensión definitiva del golpe de estado. Si acaso, hay cierto reforzamiento democrático de Juan Carlos y detalles que no pueden sorprender: que hubo implicados seis agentes del Cesid, que el rey habló con Milans del Bosch antes del juicio para proteger a la Corona, que algunos golpistas lamentaron haber dejado libre "el Borbón" y que la mujer del casualmente difunto en el día: "Es un desgraciado, tonto"; "Tanto amor a la patria y mira cómo le han engañado".

La documentación confirma lo imaginable: que en 1981, con un atentado de ETA cada 4 días y 32 asesinatos en un año, la situación estaba suficientemente tensa para que algunos militares tomaran un bloque y un bolígrafo y dibujaran unos esquemas con varios planos, no uno solo. Y que al final, Armada, Milans y, sobre todo, Tejero, tiraron por el derecho, quizá pensando que si al rey, militar como ellos, se lo daban hecho, el golpe de timón sería posible. Pero lo único que le sirvieron fue un concierto de metralletas en el Congreso a cargo de unos solistas torpes.

Los militares de la época habían sido educados en la cultura del golpe de estado salvador. Idolatraban al general golpista del 18 de julio de 1936 y bebían de los episódicos pronunciamientos que surcan la historia de España. Por eso la prensa de la época informaba de lo que decían en sus discursos en los cuarteles. Era un ejército que no ganaba guerras en el exterior, que sólo vigilaba al enemigo interior. No es extraño que el Cesid informara de que en el País Vasco y en Catalunya "se podrían originar hechos y actitudes separatistas", incluyendo una DUI que aconsejaría sacar a las tropas a la calle con "carácter disuasivo". Ahora se vigila con otros métodos.

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