Si definimos la inteligencia como la capacidad del ser humano para tejer vínculos entre lo que sabe y lo que siente, transformando la comprensión del mundo en empatía, creatividad y belleza, es evidente que nos gustaría que nuestros gobernantes dispusieran de una buena dosis. Pero podemos hacerlo más prosaico y, aunque etimológicamente
inteligencia
signifique “leer adentro” o “elegir entre”, no pediría más que una comprensión del mundo un poco objetiva, aunque fuera sin empatía; y si la belleza no puede ser, me gustaría que fuera sustituida al menos por el rigor y por la voluntad de no generar sufrimientos innecesarios.
Para los gobernantes, la información es clave. Transformar la información (a veces cruda y fría) en conocimiento útil para prevenir y combatir el crimen organizado, el terrorismo, los mercados ilícitos, etc., es algo que he practicado y que aspiro que hagan todos los gobernantes. No consiste en quedarse en la superficie, sino en adentrarse en toda la información de que disponemos antes de tomar decisiones difíciles.
Confieso a los queridos lectores que pensé que las décadas y décadas de información y de conocimiento acumulados en las diferentes agencias y organismos federales de los Estados Unidos serían capaces de contener la furia de unos ególatras ignorantes ávidos de grandeza obtenida por la fuerza. Pensaba que la inteligencia acumulada podría crear en estos personajes al menos las dudas necesarias para impedir las grandes barbaridades que están poniendo el mundo en peligro y, además, autolesionan los intereses de los americanos.
Lo que ha pasado es que para Trump y el grupúsculo que le rodea, que se vanagloria de lo que en realidad es un cretinismo deshumanizado, han alejado de las tareas de análisis y mando a más de 70 cargos del Pentágono y miles de profesionales de agencias federales relacionadas con la seguridad, la salud y la ciencia. La última víctima ha sido el consejo independiente que supervisa la Fundación Nacional de Ciencia.
Todos los que han intentado mantener el modelo en que el análisis de la información es la base de las decisiones cruciales para la seguridad del mundo han sido despedidos con deshonor, tildados de cobardes y sustituidos por marionetas que complacerán al jefe esperando una recompensa. A algunos, como al presidente de la Reserva Federal Jerome Powell, les han intentado enviar a los tribunales cuando la acción coercitiva del mafioso en jefe no ha funcionado.
Ahora ya no queda nadie alrededor de Trump que entienda los límites de una acción de gobierno. Nadie le lleva la contraria y él decide pensando en sus negocios. No le inquieta el caos ni busca la coherencia. Los ambientes violentos le hacen sentir invencible porque sabe que comanda el ejército más poderoso del mundo. Además, en el último año y medio, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas ha incrementado fuertemente su plantilla con incorporaciones de fanáticos de las armas y ciegos seguidores del MAGA. Hay pocas decisiones más peligrosas que permitir la acción discrecional de los cuerpos uniformados y armados.
Esta deriva, exenta de cualquier análisis de los límites, ha llegado a provocar una controversia entre Trump y la empresa de IA Anthopic, que tuvo que recordar que sus productos requerían vigilancia humana para establecer límites éticos y evitar la acción destructiva autónoma de las armas dotadas de software de gran autonomía y potencia destructiva. La empresa armamentística tuvo que decir públicamente que en conciencia no podía vender un producto si no constaban cláusulas de limitación a su uso en el contrato. Trump ha encontrado otra empresa, OpenAI, que ha aceptado entregar, a un Pentágono decapitado de inteligencia, herramientas destructivas sin límites éticos. El presidente, enloquecido, dio la orden de expulsar a Anthopic de todos los vínculos contractuales con la administración federal de los Estados Unidos. Nunca un presidente de los Estados Unidos había comandado un ejército tan poderoso y nunca el ejército de los Estados Unidos había tenido un jefe de estado mayor más cuestionado y un Pentágono más desprovisto de discernimiento.
La violencia no es nunca el camino, y hacen bien los líderes de Estados de todo el mundo condenando los intentos de atentar contra la persona de Donald Trump. Los que atentan contra él, además, deben darse cuenta de que solo consiguen que interprete más estridentemente el papel de falso héroe de guerra.
Milan Kundera escribió: "Aquel que quiere llegar cada vez más arriba debe recordar que algún día le invadirá el vértigo". ¿Pero qué pasa si se trata de una persona que no sabe qué es el vértigo? ¿Qué mal pueden llegar a hacer a las instituciones los extremistas de derechas, en los Estados Unidos y en casa nuestra?