23/03/2022

Embarazadas, absteneos de esta serie

2 min

Movistar+ ha estrenado la serie This is going to hurt (Esto te va a doler), una comedia médica que relata las vivencias reales de un joven médico residente en el NHS, la sanidad pública británica. El protagonista es el doctor Adam Kay, que actualmente ya ha dejado la medicina y ahora se dedica a hacer de escritor, guionista y comediante, por suerte para sus pacientes.

Kay se hizo famoso en el Reino Unido a raíz de su libro de memorias, This is going to hurt: Secret diaries of a junior doctor, que publicó en 2017. Fue un éxito porque, a pesar de las exageraciones cómicas de sus experiencias y el sarcasmo, el libro sirvió como contundente denuncia de la calidad de la sanidad pública y cargaba fuerte contra el entonces ministro de Salud, Jeremy Hunt. Algunos lectores incluso compraban un ejemplar extra del libro y lo enviaban al ministro para asegurarse de que lo leía. Fue tanta la repercusión que el ministro pidió encontrarse con el autor. Según explicó el mismo Adam Kay en una entrevista a The Guardian, ninguno de los dos quedó muy impresionado por el talante del otro y el encuentro fue inútil e intrascendente. Según Kay, el ministro pretendía hacerlo cambiar de opinión y prescindió de su experiencia durante seis años en un hospital de la sanidad pública británica: precariedad extrema, desmotivación de los profesionales, a pesar de su sacrificio, carencia de material y turnos extenuantes que repercutían negativamente en las pacientes.

En plena crisis del sistema sanitario británico por la pandemia, la BBC ha transportado algunas de las vivencias del libro a la ficción televisiva y ha elegido al magnífico actor Ben Whishlaw para hacer de Adam Kay. La serie mantiene el espíritu de denuncia del bestseller, pero también tiene algunos inconvenientes que la hacen difícil de asimilar. Kay estaba especializado en ginecología y obstetricia y la manera como su personaje en la ficción ejerce la medicina es desagradable. El humor se construye a partir de la antipatía y la displicencia con las pacientes. No las escucha y las trata como imbéciles, parece que las vaginas le den asco y actúa a menudo con negligencia. Convierte el quirófano en una carnicería, comunica las malas noticias con una superficialidad inquietante, provoca esguinces vaginales y se enfada porque tendrá que salir del trabajo más tarde para arreglarlo, hace bromas inapropiadas cuando hace exploraciones ginecológicas, desatiende algunas urgencias o incluso sutura mal expresamente las incisiones de cirugía si la paciente le cae mal. Hay algunos casos que son de manual de violencia obstétrica. Trata a mujeres y parteras como unas pesadas lloricas. Es el médico que no te querrías encontrar nunca ni, todavía menos, que te hiciera una exploración ginecológica. Las embarazadas y mujeres que se tengan que someter a próximas intervenciones ginecológicas mejor que se abstengan durante un tiempo de ver la serie. Si bien en el título ya se nos avisa de que lo que veremos nos hará daño, lo más triste es que lo consigue, no solo por la precariedad sanitaria sino por todo lo que estas actitudes médicas tienen desgraciadamente de real.