Español-Barça y las lecciones de comportamiento
El sábado hay derbi y hacía años que no prometía tanto: el Espanyol no para de ganar y ve a la Champions cerca. El Barça llega como líder y también ha ganado los últimos cinco partidos de Liga. La autoestima de los blanquiazules está por las nubes y en el aire perico se respira la íntima ilusión de que, si alguna vez ha tenido argumentos futbolísticos para derrotar al Barça en Liga en Cornellà-El Prat por primera vez, el día ha llegado.
O sea que el derbi, que ya acorta por sí mismo las distancias entre los dos equipos, llega más ajustado que nunca. Y encima está la vuelta del portero Joan Garcia ante la que fue su afición. Partido de alto riesgo, redes detrás de las porterías y facturas pendientes.
El entrenador perico, Manolo González, ha ido de derecho al argumento: "Lecciones de comportamiento, no. Recuerden cuando Luis Figo fue al Camp Nou. Creo que [los barcelonistas] no están en condiciones de dar lecciones a nadie".
La realidad es otra: todos los clubs están en condiciones de recibir lecciones de comportamiento. En todas partes ha habido actos antideportivos, como en el Camp Nou en la noche de Figo. O, sin ir más lejos, como en Cornellà-El Prat cuando una parte de la afición local invadió el campo, amenazando con agredir a los jugadores del Barça que estaban celebrando que acababan de ganar la Liga.
El fútbol enciende enseguida a la gente más racional. Cuidado que no se ensucie un derbi tan prometedor como éste. Al fin y al cabo, muchos espanyolistas admiten que entienden perfectamente las razones económicas y deportivas que se le presentaron a Joan Garcia para fichar por el Barça.