¡Feliz Diada de Sant Jordi para todos!
Mirad si es grande la fiesta de Sant Jordi que cada año pasa olímpicamente por encima de todas las agendas informativas del país y reduce los hechos de la jornada a la categoría de “resto de la actualidad del día”.
Mañana serán noticia, pero no tanto, las colas de personas para regularizarse. Colas delante de la administración, donde se ha visto. No se podía saber que pasaría. Como bienvenida, no está mal pensada: en un país donde los maestros, los médicos, los campesinos, los autónomos, los solicitantes de ayudas para poner placas solares y así hasta el infinito se quejan de la burocracia, los nuevos ciudadanos de pleno derecho han tenido que probar, también, el pan que se da. Al tener que hacer cola sí que no ha habido “prioridad nacional”. Todos igual: colas e indicaciones poco claras.
Tampoco hay prioridad nacional para celebrar Sant Jordi, que es para todos los que quieran disfrutarlo. Y una fiesta así de grande —por más que la engorden los intereses editoriales y la multiplique el sistema comunicativo catalán— merece un respeto, porque habla de la sociedad que se la ha inventado, y habla muy bien de ella. De modo que mañana es, entre otras cosas, día de la autoestima nacional de Cataluña, siempre tan vigilada, y ahora especialmente vigilada, no fuera caso que superáramos los gramos de autoestima en sangre permitidos. Sant Jordi da a la sociedad un empuje formidable, que debemos saber aprovechar para quejarnos menos y ganar más. Miles de personas vivirán mañana su primer Sant Jordi en Cataluña, y miles de catalanes y catalanas repartidos por el mundo lo vivirán con añoranza. Los recordamos a distancia con una rosa.