Foix, Espriu, Vinyoli
Llega el repartidor con un paquete: lo recibo en casa, pero es al abrirlo que sé que estoy en casa. Esto se debe a que el paquete contiene la nueva edición de la obra poética de JV Foix en dos rutilantes volúmenes —uno para la poesía en verso y el otro para la poesía en prosa—, de los que ha cuidado Jordi Cornudella, lector agudísimo y editor reincidente de la obra foixiana. Como colosal propina, en el mismo paquete me llega No te molestes en contestarme, un libro que recoge toda la correspondencia entre los poetas Salvador Espriu y Joan Vinyoli, y también entre Espriu y la mujer de Vinyoli, Teresa Sastre. Los han cuidado Natalia Juan y Georgina Torra, desde la Cátedra Joan Vinyoli de poesía contemporánea de la Universidad de Girona, y su lectura es un gozo. Los volúmenes de Foix han sido publicados por Edicions 62, y el de Espriu y Vinyoli, por Empúries.
Digo que me sentí en casa con estos tres libros no porque hablemos de poetas domésticos, sino porque ésta es nuestra cultura. Foix, Espriu y Vinyoli son tres de los poetas que llenan el siglo XX catalán, aquel que Joan Triadú calificó de siglo de oro de las letras catalanas. JV Foix es uno de los nombres fundamentales de la modernidad catalana, y hoy, aquí y ahora la lectura de sus poemas es deslumbramiento y felicidad. Proporciona al lector la alegría de constatar que, en la lengua que hablamos, fue posible, hace cien años, construir una forma de expresión que todavía hoy es inédita e inaugural, una especie de escritura que es capaz de reunir la magnificencia del catalán del siglo XV que escribía March con las audacias formales y filosóficas. En una entrevista que le hizo Baltasar Porcel en la revista Destino, Foix reflexionaba sobre su poesía con lucidez. Decía: "Mi obra es belleza. Belleza y alegría, gozo. Y en efecto, estoy de acuerdo con usted: también libertad. Sí. Es poesía solar, llena de luz y de elementos eróticos".
Espriu es el poeta civil de La piel de toropero también uno de los poetas de su tiempo que ha escarbado con más profundidad, ya la vez con más ironía, en el pensamiento de la muerte y el del silencio de Dios. Vinyoli es poeta en sí mismo. "Segrego a veces poesía", escribe en un verso famoso, y ésta es ciertamente la impresión que a menudo transmite, como si la poesía fuera un producto de su persona, que le nace del ser. En estas cartas, y en las de Teresa Sastre, les vemos ocuparse el uno del otro, unos de otros, tanto en los asuntos del arte como en los de la vida, y por tanto son textos que pueden ser reveladores en algunas ocasiones, y conmovedores (también divertidos) en otras. Ambos son de la generación de la República, como Bartomeu Rosselló-Pòrcel, la estrella fugaz poética fallecida a los veinticuatro años, que se convirtió para siempre en una presencia en sus vidas (sobre todo en la de Espriu) y en este epistolario.
Lea Foix, Espriu y Vinyoli, también Rosselló-Pòrcel. Tanto si se acerca por primera vez como si lleva toda la vida leyéndolos, descubrirá que está en casa.