Groenlandia no está en venta (de momento)
En La democracia en América, Alexis de Tocqueville decía que en Estados Unidos el poder se manifiesta en la sociedad porque los estadounidenses no obedecen a un hombre sino a la ley. Claro que el pensador y ministro francés tuvo esa impresión hace casi 200 años, cuando todavía no se había iniciado la deriva cesarista del virtuoso sistema político estadounidense en manos de Donald Trump. Uno se pregunta: dónde están los famosos pesos y contrapesos y los perros guardianes (watchdog) ¿que históricamente habían denunciado los abusos de poder en ese país?
Pero bastante trabajo tenemos con nuestras cosas. Por ejemplo, ¿qué rol quieren jugar la Unión Europea (UE) y la OTAN en el caso de Groenlandia, visto que sólo siete países europeos (Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, España, Polonia y Países Bajos) han cerrado filas con Dinamarca frente al gangsterismo de Trump? Pero la cosa no pasaría de ser un nuevo signo de penosa debilidad europea si no fuera porque las amenazas de Trump sobre Groenlandia no dejan de ser creíbles, aunque su secretario de Estado, Marco Rubio, descartó al menos la opción militar. Esto es relevante porque sin un acuerdo previo el control de la isla no puede hacerse más que con una invasión terrestre al estilo de la que derrocó el narcodictador panameño Eduardo Noriega en 1989. Y el artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas establece que sus miembros deben abstenerse de la razón la cual en el caso de Venezuela se han empujado un delirio narcoterrorista.
La cuestión, sin embargo, es que EEUU quería el petróleo venezolano y ya lo tiene, y que de Groenlandia desean los metales raros y tener acceso a nuevas rutas comerciales propiciadas por el deshielo del Ártico, además de contrarrestar la fuerza militar rusa y la presencia china en la región. Ahora bien, aunque las autoridades groenlandesas aseguran que la isla no está a la venta, en algunos momentos se han mostrado interesadas como forma de ampliar su autogobierno. No hay que olvidar que aquella antigua colonia danesa se convirtió en 1979 en región autónoma, con gobierno y asamblea legislativa propios, y que aunque depende de Dinamarca en defensa y política exterior, la Constitución le reconoce el derecho a la autodeterminación.
Quizá por eso la declaración de los países europeos es cuidadosa y dice que el futuro de la isla depende tanto de Dinamarca como de los groenlandeses. Groenlandia, además, salió de la CEE (hoy UE) en 1985, tras un referendo celebrado en 1982, en el que la mayoría votó a favor de la retirada debido a la restrictiva política pesquera comunitaria. Y en 2008 aprobó, también en referendo, ampliar sus competencias y recuperar el control sobre sus recursos petroleros y el poder de decisión sobre la economía de la isla. Precisamente este nivel de autonomía es lo que puede dar a los groenlandeses la clave para acceder a una futura venta de su territorio. En realidad, los americanos ofrecen un Pacto de Libre Asociación (COFA) similar al que tienen con Micronesia, las Islas Marshall y Palau. En este esquema, EEUU proporciona asistencia financiera y defensa, y estos territorios mantienen su autonomía interna. El primer eslabón de esta cadena podría ser el acuerdo firmado en 1951 (y modificado en el 2004) entre EEUU y Dinamarca por el que Groenlandia permanece al amparo de la OTAN a cambio de que Washington reciba una serie de ventajas que pueden ser determinantes en una negociación: el establecimiento de una base aérea en la que opera un escuadrón dedicado a un escuadrón dedicado experimentos de la NASA en el Ártico. EEUU puede estacionar y movilizar tropas, aviones y barcos si obedece a objetivos de seguridad de la OTAN, sin pagar impuestos. Todo ello permitiría explicar el clamoroso silencio de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, o del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, siempre tan obsequiosos con Trump.
Ahora bien, el líder de la oposición groenlandesa y exministro, Pele Broberg, ya ha defendido que la isla "debe dialogar sin que exista Dinamarca presente para averiguar qué quieren los estadounidenses". Sin embargo, cualquier negociación sobre el estatus del territorio sigue involucrando a Copenhague, porque cuando en el 2009 se amplió el autogobierno se excluyeron la seguridad y la defensa, competencia del gobierno y el Parlamento daneses, que deben dar permiso para cualquier despliegue de tropas de otro estado. Si en caso de discrepancia Groenlandia quisiera ejercer su derecho a autodeterminarse, esto requeriría un referéndum local seguido de la aprobación del Parlamento danés, donde Groenlandia sólo tiene 2 escaños sobre 179. Además, la isla tiene estatuto de País y Territorio de Ultramar (PTU) asociado a la UE. Si Trump desenfunda por su cuenta, esto daría título a Dinamarca para invocar el artículo 5 del tratado de la OTAN y activar el compromiso de defensa recíproca y la cláusula de defensa mutua del artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea. Asistimos a un caso más endemoniado de lo que parece.