La huelga oportunista en los Ferrocarriles de la Generalitat
Los Ferrocarriles de la Generalitat transportaron a más de cien millones de viajeros el año pasado, una cifra récord, con un índice de puntualidad superior al 99% en todas las líneas y una satisfacción general en la experiencia de usuario. Y si alguien duda de estas cifras, le bastará con preguntar a los pasajeros. Seguro que le dirán que las líneas que conectan Sabadell y Terrassa con Barcelona, y viceversa (cada día entran a trabajar en Sant Cugat 60.000 personas, aunque no todas van en tren), van llenas a primera hora, y que a partir de Sant Cugat hay que entrar en los vagones con calzador, pero que el servicio es superpuntual.
Por todo ello he escuchado con interés las razones que el secretario de ferrocarriles autonómicos del sindicato Semaf, José Javier Bleda, ha dado para justificar la huelga que empezó ayer y que continuará la próxima semana. En una entrevista en Radio 4, el señor Bleda ha hablado de "riesgos latentes", como que "en ciertas zonas de la red los trenes inician un patinaje que hace que el maquinista no pueda frenar donde quiera"; que, al final, "muchas cosas genéricas tienen de fondo cosas concretas"; que todo lo han ido denunciando; que las denuncias se han quedado en un cajón, y que la paciencia tiene un límite.
Cuando las causas son tan inconcretas y tan alejadas de la percepción diaria de los usuarios y cuando, a ojos viendo, los trenes, las estaciones, la puntualidad y la seguridad son excelentes, la huelga no se aguanta por ninguna parte y es lo que parece que no es lo que parece que de nada. Pero la realidad dice que estos huelguistas oportunistas no tienen razón.