Dentro de este iglú
La muerte de Joan Roca, el bajista de Antònia Font, fue uno de esos golpes bajos de la vida que encajan mal. El pasado sábado sus amigos y compañeros de banda –Joan Miquel Oliver, Jaume Manresa, Pere Debon, Pau Debon– le rindieron un homenaje en la última jornada Mobofest, el festival nacido y crecido en Sant Joan, en el Pla de Mallorca. No era un concierto cualquiera ni el Mobofest es un festival cualquiera. El Mobofest ha celebrado este año su décima edición, que habrá sido la última, porque es un festival que nació con un espíritu muy bien definido (colaborativo, no lucrativo, entendiendo la cultura como una forma de convivencia, de conocimiento, de mejora colectiva) y a pesar del éxito impresionante que ha tenido en cada una de sus ediciones, ha conseguido no desviarse nunca de este espíritu fundacional. Cuando empezó el Mobofest Antònia Font ya era una banda estrella, y apostaron por este pequeño festival porque sentían una plena afinidad. Joan Roca quería hacer este concierto sí o sí. Por pocos días, ya no fue posible. El homenaje (un miniconcierto con el enorme Batiscafo Katiuscas interpretada con la coral La Corrala; el día anterior Maria Jaume ofreció una preciosa versión de Alpinistes samurais, otro tema bandera del repertorio de Antònia Font)será recordado siempre. El Mobofest también. Joan Roca también, pero habríamos querido que fuera sobre el escenario, el homenot alto y fuerte con los cabellos blancos, una sonrisa indestructible y un metrónomo interior.Antes del homenaje al Mobofest, la muerte prematura de Joan Roca había sido noticia en los medios.Algunos de los titulares habían repetido una frase más bien tópica: “el discreto y fiable bajista”, decían. Discreto seguro que no, y no tan solo porque su presencia física fuera contundente. También lo era su personalidad artística, y sin su bajo, álbumes que son verdaderas cimas de la música pop en catalán –A Rússia, Alegria, Taxi, Batiscafo Katiuscas, Lamparetes, déjenme añadir Vostè és aquí y Un minut estroboscòpica– no sonarían como suenan, y tampoco lo hubieran hecho los más de mil conciertos que el grupo ha ofrecido en los años que Joan Roca ha sido el bajista, desde el año 2000 hasta ahora. Joan Roca era un poco más que fiable: poseía un talento y unos conocimientos musicales tan inagotables como su capacidad de mejorar la vida de las personas que amaba."Las cosas no son fáciles para nadie / dentro de este iglú", dice la letra de uno de los muchos hits de los Antònia Font, canciones que hacen sonreír pero que también suelen llevar un barniz de melancolía, como pasa con las buenas canciones pop. Ahora aún serán un poco menos fáciles, las cosas, sin Joan Roca. Ya sé que es primario y lo que ustedes quieran, pero cada vez que muere antes de tiempo una persona buena, brillante, talentosa, que amaba la vida y que la hacía mejor para los demás, no puedo evitar pensar en la abrumadora lista de aburridos y peligrosos sinvergüenzas que nos agobian cada día. Creo que Joan Roca habría estado de acuerdo.