Insultar a las mujeres con hiyab
Leemos en el ARA que ha habido un ataque racista en Manresa, capital del Bages, que piso a menudo. Los Mossos d'Esquadra han detenido a un hombre y una mujer por haber agredido e insultado a unas mujeres con hiyab. Ha sido, paradójicamente, en una zona que llamamos la Baixada dels Drets.
En la capital bagenca se ven mujeres con hiyab, no son una anécdota, y algunas, por la calle, caminan detrás de los maridos. Esta imagen me resulta muy violenta, porque no puedo dejar de imaginarme a mí o a mi hija en esta situación. Cuando hay religión de por medio, cuando te crees el pueblo escogido, siempre ocupas el espacio con pasiva y sutil chulería. No me gustan las restricciones religiosas, porque siempre afectan al mismo grupo humano: las mujeres.
Y aquí voy, porque estos dos energúmenos incivilizados, imbéciles, que han agredido e insultado (creen ellos) por motivos religiosos, a quienes han agredido e insultado es, una vez más, a las mujeres. A los maridos, padres o hijos adolescentes que a menudo las sacan a pasear no se habrían atrevido a decirles nada. Atacan a las esclavas, no a los amos. De la misma manera, todos los que se quejan de que los recién llegados (eufemismo amable para cuando estamos en público) acabarán con nuestra cultura para imponernos la suya (que esto lo dicen hasta los de Vox) solo se quejan “d’uns” recién llegados. Como si los expats o las camareras de los bares de Barcelona tuvieran muchas ganas de decir “Bon dia” o de entender “un tallat”. Hay recién llegados a los que nadie nunca dirá nada (ningún partido de extrema derecha), porque seguramente les contestarían en tono burlón. Las únicas que sabemos seguro que no dirán nada, pase lo que pase, que no harán ninguna rueda de prensa, son precisamente estas mujeres que van tapadas como objetos.