El papa León XIV bendice la torre de Jesús del templo de la Sagrada Familia.
14/06/2026
Periodista
2 min

A diferencia del fracaso, el éxito tiene muchos padres, y si el éxito es grande, como el de hace unos días en la Sagrada Familia, incluso le salen tíos, como el ministro Óscar Puente, que ha aprovechado las imágenes inolvidables de aquella noche para atacar al alcalde de Madrid y la presidenta de la Comunidad: “Lo que hemos visto estos días es que Barcelona sigue siendo la de las Olimpiadas mágicas del 92... Almeida y Ayuso, dignos herederos de la Botella”; de donde se desprendería que el socialismo es modernidad y la derecha es rancia.

El alcalde de los Juegos fue Pasqual Maragall, que tuvo en Oriol Bohigas, primero en Urbanismo y después en Cultura, el ideólogo de la gran transformación de Barcelona, y debe haber pocas figuras como ellos dos más alejadas de la estética del PSOE. Maragall era uno de los nietos del poeta y Bohigas fue alumno del instituto escuela.

La modernidad viene de serie en Barcelona (el primer diario, el Liceo, las Exposiciones, la primera radio, el Palau de la Música, el modernismo, el GATCPAC, la Feria, la Fórmula 1...) porque aquí cualquier proyecto importante se construye sobre el deseo de ser, de ser nosotros y de ser europeos y, si puede ser, universales. Los Juegos fueron un éxito porque Barcelona los había ambicionado muchos años antes. La jornada de ocho horas se impone a partir de la huelga de la Canadiense porque aquí sí que hubo revolución industrial. El Mobile viene y no se mueve de Barcelona porque la identidad ferial no se improvisa. La ceremonia de hace unos días fue un éxito porque el primer listón de ambición ya lo puso Gaudí hace 143 años. La transmisión de TV3 fue un éxito porque TV3 ya nació moderna, y no antropológica como la quería el PSOE. Las casualidades no existen ni mucho menos empiezan en 1992.

Lo que Puente no entendió (o lo entendió, pero lo disimula) es que la diferencia no es el PP de Ayuso y Botella, sino el hecho de que Barcelona es la capital de otro país, con un sentido estético diferente, y a menudo mejor.

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