Jordi Savall, premio Ernst von Siemens

Jordi Savall, músico eminente, ha sido galardonado con el premio Ernst von Siemens, que es una de las más altas distinciones internacionales en el campo de la música y, de forma orientativa, suele compararse con los premios Nobel. "Los Nobel de la música", dicen, aunque viendo hasta dónde decaen algunos premios Nobel (el de la paz, por ejemplo) quizás dejen de ser una referencia tan prestigiosa como han sido en el pasado. El premio Ernst von Siemens –otorgado por la Academia de Bellas Artes de Baviera, en nombre de la fundación dedicada al magnate que refundó las industrias Siemens después de la Segunda Guerra Mundial– sí tiene un prestigio, por ahora, incuestionable: se concede desde 1974 y –cómo puede leer en la información de Xavier Cervantes– la han recibido algunas de las figuras más relevantes de la música del siglo XX, como Britten, Messiaen, Segovia, Barenboim, Abbado y Bernstein, por citar algunos de los más conocidos. Ahora, Jordi Savall se suma con todos los merecimientos a esta nómina ilustre.

Jordi Savall también lo es, de conocido, aunque es oportuno preguntarse hasta qué punto es igualmente conocido su trabajo, y su importancia. Su labor como investigador, la recuperación y actualización de un repertorio inagotable de música antigua, sus revisiones de autores clásicos como Monteverdi, Bach, Beethoven y Schubert, la impresionante actividad como concertista, el tándem artístico que durante muchos años formó con su esposa, la soprano Montserrat Figuer Hespèrion XXI o Le Concert des Nations: todo esto constituye una de las mayores aportaciones que ha recibido en las últimas décadas la cultura catalana, que a través del trabajo de Savall y de sus músicos se proyecta como universal. Lo ha hecho con tesón y abnegación, con una dedicación exigente y severa pero también gozosa, porque en Savall la música le produce visiblemente felicidad, y se propone compartirla con su público. Por eso, además de los miles de conciertos que ha dado, también ha impulsado la creación de dos festivales de música antigua (el Festival de Fontfreda y el Festival Jordi Savall) y la del sello musical Alia Vox.

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El pensamiento artístico de Savall une la música con la historia para proponer la escucha no sólo como un disfrute, sino también como un punto desde el que situarnos en nuestro presente. El contacto con la belleza es también educativo: nos enseña a ser intolerantes con la fealdad, con los aspectos tenebrosos e indeseables de la condición humana. En tiempos oscuros como los que vivimos, la música, tal y como la entiende Jordi Savall, no es únicamente un espacio de belleza: también es un lugar donde aferrarse, una serena barca –para utilizar palabras de la poeta Maria Josep Escrivà– en un mar embravecido y traidor. Contra quienes recetan y predican el desánimo, el cinismo y el resentimiento, Jordi Savall ofrece motivos para sentirse orgullosos de Cataluña, del país y de su cultura.