La visita del Papa nos ha hecho reflexionar. ¿Qué es la religión hoy? ¿En qué punto se encuentra la discrepancia entre creyentes y no creyentes? Históricamente, esta discrepancia se ha reducido a si el hombre es una creación de Dios o Dios una creación del hombre. Para los creyentes, Dios es una realidad eterna que crea al hombre a su imagen. Para los no creyentes, Dios es un concepto inventado por el hombre en busca de refugio y protección. Esta discusión existe desde que el hombre es hombre y expresa un deseo y necesidad de trascendencia.Entre los intentos filosóficos de demostrar la existencia de Dios destaca el de los escolásticos medievales. Uno de los primeros planteamientos escolásticos en este sentido lo hace en el siglo XIII Tomás de Aquino, que establece cinco vías de demostración en la Summa Teológica, su obra cumbre. Según la vía del movimiento, todo lo que se mueve es movido por otro, es necesario que haya un primer motor, y este ha de ser Dios. Según la vía de la causalidad también ha de haber una causa eficiente primera: ha de ser Dios. Según la vía de la contingencia, como los seres del mundo pueden existir o dejar de existir (son contingentes), ha de haber, en su origen, un ser que no sea contingente, sino necesario: Dios. Según la vía de los grados de perfección, la existencia de una gradación de las cualidades hace que deba haber un ser que sea máximo en bondad y otras virtudes, y ha de ser Dios. Según la vía de la finalidad, en el mundo todas las cosas tienden a un fin, pero no podrían hacerlo sin ser dirigidas como la flecha de un arquero: ha de haber un ser inteligente que las haya diseñado así, y ha de ser Dios.Pero ¿y hoy? Hoy, tanto lo que es enormemente grande (el universo, el espacio y el tiempo, la masa y la energía) como lo que es extraordinariamente pequeño (el mundo cuántico, o la luz, que está hecha de partículas y a la vez de ondas) son explicables sin una causa primera. Las vías de Tomás de Aquino han dejado de ser universales. Y la física newtoniana ya no nos sirve para entender el mundo. La ciencia ha cambiado nuestra mirada.
Hoy más que nunca, pues, la creencia en Dios no puede estar sustentada por la racionalidad, sino únicamente por la fe. Pero no por ello tiene menos fuerza para el hombre y la sociedad. Ahora bien, ¿cómo se vive hoy la religión? Hay una idea que impregna el cristianismo y que es fuente de infelicidad para el hombre: la necesidad de penitencia y autohumillación ante Dios para conseguir el perdón de las propias faltas. Como dice Spinoza, sin autoestima personal no puede haber felicidad. No es extraño que en un mundo hedonista como el actual la idea de Dios repugne.La Iglesia ha llegado hasta hoy, como cualquier otra institución humana, gracias a su voluntad de autoprotegerse para mantenerse. Y en 2.000 años ha pasado por momentos de todo tipo en función de la evolución de la sociedad y la política. El siglo XVI, a consecuencia de la invención de la imprenta, que permitía a todos leer los textos sagrados, vivió una discusión célebre sobre la libre interpretación de la Biblia entre Erasmo, más discursivo, y Lutero, más asertivo. Y en el rechazo de Erasmo a la libre interpretación de la Biblia había una voluntad de preservar la estructura eclesial: una libre interpretación llevaba ineludiblemente a la aparición de diferentes doctrinas derivadas de diferentes interpretaciones. Es lo que ha pasado, efectivamente, en la Iglesia protestante, mientras que el combate contra la heterodoxia ha permitido mantener una unidad mayor en la Iglesia católica, que ha pagado el peaje de un cierto grado de intolerancia que ha impregnado el catolicismo. La voluntad de mantener la unidad en los católicos, y la de promover la libertad en los protestantes, estuvieron en el origen del cisma. Y aquella tradición mantiene hoy vigentes sus principios.Es cierto también que la doctrina cristiana que se deriva del Sermón de la Montaña, uno de los hitos del Evangelio y que está en la esencia del cristianismo, ha generado una Iglesia más abierta, más fácil y ampliamente aceptada por la ciudadanía en Europa y América, y esto ha permitido extender una doctrina social de la Iglesia. La labor de ayuda a los necesitados a través de Cáritas y de instituciones similares es un bien social innegable, y la formación de los jóvenes desde la escuela hasta la universidad también. La Iglesia debe focalizarse en estas y otras maneras que tiene de mejorar el mundo, y debe reparar, es evidente, el dolor que ha infligido con los casos de abusos.Desde este punto de vista, la visita del papa León XIV, con el discurso y la proximidad que ha demostrado con personas diversas, genera adhesión a los principios cristianos, y en la medida que sea así puede generar un nivel más bajo de confrontación política y social. Se da, además, la paradoja sorprendente que aquellos grupos sociales y partidos políticos menos confesionales, que son los que más han criticado la ostentación y el coste del viaje (observaciones que a mi parecer son secundarias), a la vez son los más tolerantes y, por tanto, los más profundamente cristianos. La distancia que muchos perciben con la Iglesia proviene de sus momentos más intransigentes y ultramontanos, como la época absolutamente antievangélica de la Inquisición.