La maternidad, punto de inflexión de la desigualdad

Las mentiras de la maternidad
02/05/2026
Investigadora y activista pro equidad
2 min

"No te puedes ni imaginar todo lo que hace mi hijo, es un padre excelente", "No sabes hasta qué punto abusa mi joven de mi pobre hijo". Son frases que oigo cada día y que reflejan una creencia muy extendida: que las relaciones de pareja hoy ya son equitativas. ¿Pero qué dicen los datos?

Me centraré en datos de las dos investigaciones con foco en la vida de las mujeres que he liderado en España en 2016 y 2023 –Las mujeres, hoy. Cómo son, qué piensan y cómo se sienten las mujeres y Las mujeres y los hombres, hoy. ¿Igualdad o desigualdad?–. En el año 2016, el 70% de las mujeres que vivían con un hombre asumían solas o casi solas las tareas del hogar, los cuidados y la carga mental. En 2023, este porcentaje ha bajado hasta el 62%. Hemos mejorado, pero demasiado lentamente: a este ritmo, harían falta como mínimo dos generaciones para que las parejas desequilibradas en el ámbito doméstico dejen de ser la norma. Y hay un punto de inflexión claro: la maternidad.

Con la llegada del primer hijo o hija, el número de mujeres que soportan la brecha doméstica, es decir, el desequilibrio en el reparto de las tareas del hogar, la carga mental y los cuidados hacia su pareja, se dispara hasta el 73%, frente al 54% entre las que no tienen descendencia.

El detalle aún es más revelador: hacer de "taxista" es prácticamente la única actividad que los padres hacen más que las madres (63%). En el resto, la madre asume más responsabilidades, sobre todo en la organización de la vida de los hijos e hijas y en la compra de lo que necesitan (ellas, el 69%).

La conclusión es clara: a pesar de los avances, queda mucho camino por recorrer, y la maternidad continúa siendo un factor clave de desigualdad. Por eso nos debería preocupar. Porque, en España, casi 6 millones de mujeres, mayoritariamente madres, cargan diariamente con esta "losa de hormigón", la metáfora con la que hace cinco años bauticé la brecha doméstica. Esto tiene consecuencias para las familias y para el conjunto de la sociedad: más ansiedad e insomnio entre las mujeres, más divorcios, menos hijos de los que querríamos, madres arrepentidas, y una pérdida de independencia económica para muchas mujeres, que a menudo acaba en empobrecimiento.

¿Qué propongo? Asumir una realidad incómoda: por mucho que las leyes sean igualitarias y que las empresas tengan planes de igualdad, si no hay igualdad en casa, es utópico hablar de igualdad de oportunidades. Y no es solo una cuestión de justicia: las parejas equitativas también son más felices.

Cada vez más mujeres buscan entender esta carga y encontrarle una solución. Entender estos mecanismos, disponer de recursos para identificarlos y encontrar la manera de explicárselo a la pareja para encontrar juntos la manera de resolverlo es un primer paso para avanzar hacia relaciones más equitativas. Porque lo que está en juego no es solo cómo nos repartimos las tareas. Es el tipo de vida, y de oportunidades, que estamos construyendo.

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