La estatua de Colón, en la Rambla, que la CUP pedirá que se retire.
28/06/2026
Periodista
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Ha causado sensación un fragmento de un programa de La 2 de RTVE, presentado por el reconocido periodista Iñaki Gabilondo, sobre la imposición del castellano a los pueblos originarios americanos, víctimas del genocidio perpetrado principalmente por España y Portugal en lo que todavía llaman "la conquista de las Indias", hace ahora cinco siglos. En el programa, titulado La gran aventura de la lengua española, Gabilondo afirmaba, textualmente, lo siguiente: “La conquista española, en contra de lo que se ha dicho y aceptado tradicionalmente, no impuso a los amerindios [sic] el aprendizaje del castellano, ni su utilización fue obligatoria en ningún virreinato, capitanía o audiencias del Nuevo Mundo [sic]. Tampoco proscribió la utilización de lenguas indígenas, sino que llevó a cabo la más importante tarea de conservación y salvamento que se haya producido en toda la historia de las colonizaciones. Constatación sorprendente, ¿no es así? Pero ya les decimos que incuestionable”.Es un discurso negacionista que podríamos esperar más bien de Vox, de Ayuso o de cualquier tertuliano o influenciador de la derecha ultranacionalista española. Oírlo en boca de Gabilondo, tradicional ejemplo de ecuanimidad, pluralidad y virtudes progresistas, puede causar rechazo y disgusto, pero no exactamente sorpresa. La construcción de España como identidad nacional y como estado nación (son dos cosas diferentes, aunque van juntas) demuestra desde siempre una fuerte incomodidad con su pasado colonial y, en particular, con el exterminio de los pueblos originarios americanos. Este proceso de colonización y genocidio tuvo, como es lógico, una política lingüística que fue especialmente dura contra las lenguas de estos pueblos. Historiadores y lingüistas están de acuerdo en calcular que cientos de lenguas, más de mil, fueron completamente abolidas y erradicadas del continente americano, en un lingüicidio masivo, para imponer el uso del castellano y del portugués. Solo en Brasil se sabe que, antes de la colonización, se hablaban cerca de 1.300 lenguas, de las cuales actualmente perviven solo unas 300. En cuanto al castellano, las órdenes de enseñarlo a los “amerindios”, como dice Gabilondo, especialmente a los niños, están documentadas en más de treinta cédulas reales (las disposiciones oficiales de la Corona española) entre 1550 y 1782.La historia es la que es y ya no se puede corregir, dirán algunos. Es cierto, pero ante los hechos históricos se pueden tomar diversas actitudes. Cuando se trata de masacres y genocidios, el reaccionario y el patriota reaccionan con supremacismo y con intentos de justificar lo injustificable (“les llevamos la civilización”). Del progresista se debe esperar el homenaje, aunque sea tardío, a la memoria de las víctimas, y una petición de perdón oficial y completa. Finalmente está el cínico, que niega la evidencia (como ya hizo en su día Juan Carlos I: “El castellano nunca fue lengua de imposición, sino de encuentro”, dijo) y todavía quiere hacer creer que aquello no fue ninguna colonización, sino una ganga. Sorprendente pero incuestionable.

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