Menorca: ¿está realmente saturada?

Como reacción a las manifestaciones contra la masificación que han tenido lugar recientemente en Menorca (como en el resto de las Baleares), circula por la isla un post con el título de este artículo publicado en la web Pensar en tiempos de IA. El post es anónimo, pero parece que el autor estaría vinculado a un foro del Círculo Jefferson.Se trata de un post bien documentado, que cuestiona con datos las impresiones subjetivas de quien tratando de disfrutar de la playa de la Macarella se encuentra sin sitio ni para el coche ni para la toalla, o de quien se encuentra en un atasco cuando trata de llegar a Punta Nati para contemplar la puesta de sol.El autor parte de la constatación de que la densidad de Menorca es relativamente baja, incluso en el momento de mayor presión, en agosto. Esta densidad es de unos 300 habitantes por km², cuando la cifra equivalente de Malta es de 1.860, seis veces superior. El autor, sin embargo, considera que “Malta es un caso extremo que no propongo imitar”; en cambio, le parece “especialmente interesante” la comparación con Madeira, cuya densidad media es de 332, y se pregunta “por qué una isla que ni siquiera en su momento de mayor presión alcanza la densidad habitual de Madeira consigue sentirse tan saturada”.Esta observación lleva al autor a concluir que Menorca no está saturada porque haya demasiada gente –autóctonos, inmigrantes y turistas– sino porque no dispone de la capacidad para sostenerlos. A partir de aquí examina cada uno de los cuellos de botella en los que se manifiesta la saturación: la vivienda, el agua, la energía, la movilidad y la capacidad de las playas más atractivas, y concluye que todos tienen una solución que permitiría aumentar la población de Menorca:En cuanto a la vivienda, propone densificar Ciutadella y Maó (29.000 habitantes cada una), emulando Funchal, la capital de Madeira, que cuenta con 100.000 habitantes, recordando que las ciudades son más eficientes y menos contaminantes que la urbanización diseminada. En cuanto al agua, propone evitar fugas, reutilizar aguas depuradas y desalinizar. La desalinización exige energía, pero la energía podemos generarla. En cuanto a la movilidad, podemos ofrecer transporte colectivo y construir más infraestructuras. En cuanto a la saturación de las playas, se trata de “aumentar la oferta de cosas que hacer” en otro lugar, porque “una de las maneras de proteger un bien escaso es aumentar la oferta de sus sustitutos”.En definitiva, nos dice que “antes de administrar la escasez, lo que debemos preguntarnos es qué parte podemos solucionar aumentando la oferta”, lo cual es cuestión de inversión y de tecnología, y la conclusión es que es perfectamente posible una Menorca con más población y con más turistas. La publicación me parece extremadamente interesante porque formaliza lo que han ido haciendo las élites menorquinas en las últimas décadas: aumentar la capacidad de la isla año tras año. En el fondo, lo que el autor propugna es que Menorca siga haciendo lo que ha estado haciendo desde los años 1960. Llegados aquí, los lectores pueden preguntarnos si es cierto que en Menorca cabe más gente. La respuesta es que sí: el autor se fija en Madeira, pero podría haberlo hecho en Hong Kong o Singapur, islas con una superficie comparable a la de Menorca, donde viven, respectivamente, 7,5 y 6,1 millones de personas. 

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La pregunta relevante no es, pues, la que se hace el autor, sino por qué Menorca debería seguir creciendo en número de habitantes y de turistas. Hay al menos tres razones para concluir que seguir creciendo es un error. La primera es la evolución del PIB per cápita de Menorca en las últimas décadas: si hasta el año 2000 fue convergiendo con el francés, desde entonces se está alejando.La segunda es, justamente, la comparación con Madeira. En el año 1980 el PIB per cápita de Madeira era una tercera parte del de Menorca: mucho más pobre; en el 2000 era dos terceras partes; hoy es un poco superior. ¿Cómo lo ha conseguido Madeira? No a base de crecer: mientras que la población de Menorca se ha multiplicado por 2,5, la de Madeira ha tendido a disminuir.La tercera es la calidad del producto turístico, que solo tiene una medida relevante: la exclusividad. Más capacidad, más turistas y más densidad significa precios más bajos, productividad más baja y, por tanto, nivel de vida más bajo.En definitiva, nuestro autor se hace la pregunta equivocada y llega, consecuentemente, a una respuesta que también lo es. Una observación final sobre la sorprendente afiliación de nuestro autor. Thomas Jefferson abominaba las ciudades, que consideraba “una pestilencia para la moral, la salud y las libertades del hombre” y propugnaba un modelo rural para la naciente república. No hay duda alguna de que no solo no hubiera estado de acuerdo con nuestro autor, sino que sus propuestas le habrían parecido un completo disparate.