Nadar hasta la teórica Europa
Decenas de miles de personas, dice el ministerio del Interior, han nadado la distancia que separa una orilla y la otra de la frontera y han conseguido llegar a Ceuta, la teórica Europa. De entre todos, decenas se han ahogado. Que hacer kilómetros nadando es peligroso te lo dice hasta la inteligencia artificial, que te da siempre la razón.
Vemos imágenes espeluznantes. Chicos jóvenes, corriendo descontrolados por la ciudad, huyendo de la policía. Alguna mujer con la cabeza tapada y vestido largo, que te preguntas cómo debe haber sobrevivido al agua, y una playa llena de neumáticos. Los que han usado todos ellos para llegar por mar. Todos estos neumáticos son “recreativos”. Tienen diseños “divertidos”, pensados para un día de playa. Hay unos cuantos, bien grandes, que simulan la rueda —el neumático— de un camión, con el dibujo y las letras que suelen llevar. Otros tienen dibujos simples de palmeras y cocodrilos. Y como mínimo hay uno que es de color amarillo y que tiene la cabeza del patito en relieve. Es aquel neumático de niño, que todos hemos visto alguna vez. Siempre me conmueve cuando en el tren veo una familia que va a la playa, con las sombrillas y la neverita, y veo que la chiquillería ya lleva puesto el neumático del patito.
Este neumático le cabe solo a un niño o a alguien muy delgado y no aguantaría ninguna embestida enfurecida del agua. No sé si quien lo llevaba llegó vivo, si ya lo han devuelto a la playa de donde se marchó después de pagar a la mafia de turno, o si está escondido entre los contenedores de Ceuta, buscando comida y cobertura, con todos los demás, que también la buscan, intentando huir de todos los demás. No sé si fue uno de las decenas de ahogados, de entre los cincuenta mil, y lo último que vio fue la cabeza, simpática, del patito.