Cataluña-Extremadura, la verdad y el respeto

El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, durante el acto de homenaje a los migrantes extremeños en La Zarza, Badajoz.
16/09/2026 - 18:24 h.
Periodista
2 min

La búsqueda de la buena vecindad siempre es provechosa, y más si estamos hablando de Cataluña y Extremadura, con miles de catalanes que tienen allí sus raíces familiares. Pero la buena vecindad, para ser real, debe estar basada en la verdad y en el respeto.

Todo el mundo que vino a trabajar a Cataluña (como mi abuelo materno) no vino a levantar nuestro país sino a mejorar su presente y futuro. Nadie deja su tierra pensando en levantar otra, sino, lógicamente, pensando en levantar su situación personal y familiar.

El presidente Illa ha hablado en Extremadura como si Cataluña tuviera que hacerse perdonar haber osado plantear la independencia y ahora comenzara el reencuentro, cuando, en realidad, cuando no se hablaba de independencia, dos socialistas como Rodríguez Ibarra o Bono ya ganaban elecciones con la cancioncilla xenófoba y mentirosa del catalán insolidario, que después oyen decir los catalanes que vuelven de vacaciones a sus pueblos de origen. El anticatalanismo es un hecho constitutivo de la cultura política y social española, y nadie ha venido nunca a pedirnos disculpas ni a ofrecer reencuentros.

Y eso no ha cambiado ni cambiará por más profesiones de españolidad que haga Illa, como quedó claro en la reciente votación del Consejo de Política Fiscal y Financiera: todas las comunidades, excepto las Canarias, votaron en contra de la nueva financiación de Cataluña (11 del PP y 2 de socialistas). Que la presidenta extremeña haya dicho hoy que tiene el "objetivo" de evitar que se "repita" una nueva oleada migratoria, como si Cataluña le pudiera descuadrar los números, es un insulto a la inteligencia. El relato de final feliz porque Cataluña vuelve a España olvida el principio de realidad.

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