¡No hable de mirada bóvida!

Leemos en el ARA una noticia de Cristina Sáez que nos roba el corazón. Científicos de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena constataron que una vaca es capaz de "utilizar una herramienta de forma flexible con objetivos concretos". En la fotografía vemos al animal, que se llama Veronika, con un palo en la boca. Dice que "se trata de una acción que no había sido descrita al ganado, sólo en algunos primates y córvidos".

Ver cómo los animales domésticos aprenden es muy estimulante. En casa no he visto a los compañeros de fatigas utilizando herramientas, pero sí que los he visto utilizando las garras a la manera de los primates. Uno de mis gatos, por ejemplo, cuando les pongo un solo plato de comida, utiliza la pata (la derecha, siempre) para cogerlo y llevarlo hacia él, y así joder a los demás. Se cuelgan de las cerraduras de las puertas con el noble objetivo de abrirlas. Ni que decir tiene que conocen –y es fascinante– los envoltorios de las diferentes latas de comida y saben, de entre todas, cuál es la que más les gusta. El perro de mis vecinos elige, de entre todos los humanos, el que parece más débil, y es a él a quien le deposita un palo en su regazo con el noble objetivo que se lo eche. Un día, la elegida fui yo. Y como no le hacía caso, me estiró del pantalón con la boca hasta que me levantó. Cogió el palo con la boca y lo echó. Entonces, ladraron. Quería enseñarme a hacerlo.

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Mi sorpresa viendo el comportamiento animal, con sus normas (quien se ofende si le quitan el sitio, quien come primero...), es sobre todo cuando, dominada por la maravilla, veo que tienen en el cerebro, como nosotros, la idea de juego. Juegan al escondite, juegan a hacer carreras, juegan a pelearse, juegan a sorprenderse.