Veronika, la primera vaca que utiliza herramientas

Se trata del único caso documentado de uso intencionado de un instrumento en bovinos y obliga a repensar lo que asumimos sobre la cognición animal

La vaca Veronika descansa en los pastos del sur de Austria con un palo en la boca.
22/01/2026
4 min

En Distocia, Pilar Membrillo cuenta la historia de amor entre dos vacas. Lo hace con una prosa deliciosa y con delicadeza, relatando las relaciones que se establecen entre ellas y dedicando páginas a describir comportamientos que durante mucho tiempo hemos creído exclusivos de los primates, como llorar la pérdida de una compañera querida. Ahora, a esa complejidad emocional que retrataba esta veterinaria banyolina en su novela, hay que sumar una cognición mucho más compleja de lo que hasta ahora se pensaba, como nos ha enseñado Veronika, una vaca de 13 años que pasto en el sur de Austria.

Alertados por su propietario, un granjero que la tiene como animal de compañía, un equipo de científicos de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena han podido documentar cómo este vacuno es capaz de utilizar una herramienta de forma flexible con objetivos concretos. Se trata de una acción que no había sido descrita al ganado, sólo en algunos primates y córvidos.

Veronika puede coger con la boca un palo o una escoba, escoger cuál de los dos extremos de la herramienta le es más útil, si el liso o el que tiene las cerdas, en función de la zona del cuerpo que se quiera rascar, y también hacerlo con mayor o menor intensidad. Los investigadores que lo han estudiado califican la técnica de esta vaca singular de "fascinante", porque además la aprendió sola.

Este estudio, publicado recientemente en Current Biology, amplía, pues, el reducido grupo de animales de los que sabemos que son capaces de utilizar herramientas con distintos objetivos. Los investigadores destacan que los cambios que hace Veronika a la hora de coger el palo o la escoba demuestran que es una acción anticipada. Y esto sólo se había visto en primates, sobre todo en chimpancés, y en córvidos.

"Los resultados del trabajo ponen de manifiesto cómo las suposiciones sobre la inteligencia del ganado pueden reflejar lagunas en la observación, y no verdaderas limitaciones cognitivas", defienden los autores del estudio.

No es una vaca cualquiera

Es cierto que el caso de Veronika es muy singular. Esta vaca suiza marrón es la mascota de Witgar Wiegele, un campesino ecológico y panadero de un pequeño pueblo del sur de Austria. Cuando el animal tenía unos tres años, Witgar empezó a darse cuenta de que, a veces, cogía palos y los utilizaba para rascarse. Y no sólo eso, asegura este campesino, sino que también reconoce la voz de los miembros de la familia y acude cuando la llaman por su nombre. Dándose cuenta de la excepcionalidad de Veronika, Witgar grabó su mascota en vídeo y lo envió a Alice Auersperg, una bióloga de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena.

"Cuando le vi, me di cuenta de que no era accidental, sino un ejemplo de uso significativo de herramientas en una especie que se había subestimado desde el punto de visto cognitivo", asegura esta investigadora en un comunicado de prensa.

Auersperg, junto con otro investigador, el español Antonio J. Osuna-Mascaró, ambos expertos en cognición animal, se desplazó al pueblecito y realizaron siete sesiones y 10 experimentos con Veronika. En todos ellos, colocaban una escoba con dos extremos bien diferenciados frente a la vaca, uno con cerdas rígidas y otro liso. El animal utilizó la escoba en 76 ocasiones para rascarse. Empleaba la boca y la lengua para levantar la escoba, y conseguía un control preciso cogiéndola con firmeza entre los dientes.

La vaca Veronika utilizando una escoba para rascarse el lomo.

Por zonas con piel gruesa, como el lomo, utilizaba movimientos firmes con la parte con cerdas. Para las zonas más delicadas, como el pecho y las ubres, tenía más cuidado con la parte lisa. Hacer todo esto es extremadamente poco habitual en animales, al menos, en los observados hasta ahora.

"Utiliza la herramienta en su propio cuerpo, por tanto, representa una forma egocéntrica de uso que se considera, en general, menos complejo que utilizar herramientas para interactuar con objetos externos", explica Osuna-Mascaró, como sí hacen los chimpancés, por ejemplo, que emplean ramitas para extraerlas.

El investigador también resalta el hecho evidente de las limitaciones físicas de la vaca, que no tiene manos con las que manipular las herramientas, y lo hace con la boca. "Lo sorprendente –insisten los autores– es que compensa estas limitaciones anticipando el resultado de las acciones y ajustando el agarre y los movimientos".

¿Y el resto de bovinos también son capaces de hacer lo mismo? No se sabe. Pero lo que está claro es que la vida de Veronika también es muy excepcional. Ha vivido ya mucho más tiempo que sus compañeras destinadas a producción de carne o leche. Y está en un entorno abierto más enriquecedor que sus compañeras estabuladas que le brinda la oportunidad de interactuar con una variedad de objetos, también con los humanos. Todo ello quizás se han generado las condiciones necesarias para que surgiera el comportamiento creativo.

Repensar la cognición animal

El caso de Veronika pone luz sobre la mente de estos mamíferos herbívoros. Y cambia la forma en que estudiamos los rasgos cognitivos de los animales. Durante mucho tiempo, la ciencia consideró que sólo los humanos éramos capaces de utilizar herramientas. La primatóloga Jane Goodall desterró esta idea errónea al demostrar en los años 60 que los chimpancés utilizaban herramientas para atrapar termitas. Y décadas después se ha documentado el uso de instrumentos por parte de delfines, pulpos y cuervos.

"Este descubrimiento nos obliga a repensar las demandas ecológicas y cognitivas de estos animales y tiene implicaciones directas sobre su bienestar", considera Miquel Llorente, investigador Serra Húnter al frente del departamento de Psicología de la Universidad de Girona en declaraciones al Science Media Centre España. Según este experto, si tienen ese potencial mental, "el enriquecimiento ambiental en granjas no debería ser un lujo, sino una necesidad ética para su mantenimiento y cuidado".

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