Normalidad, naturalidad...

La campaña –o quizás acción– del Barça con toda aquella juventud (me encanta, ya, usar la expresión “juventud”) de maravillosos cabellos punquísimos e incluso trabajadísimos, alentando, con toda normalidad y naturalidad, a usar el catalán (también me encanta la expresión “usar”) me hace sentir, por vía interpuesta, el poder de la primavera humana. Bernal, Cubarsí, Kika, Fermín (y su padre), Clara, Marta te hablan de este hecho, que deberíamos dar por sentado, de hablar la lengua en la que dijeron guarrerías para engendrarnos y, después, parirnos. A esto se suma otra joven, Aitana, que ha explicado que en casa “son castellanohablantes” pero que “gracias a ir al colegio en Barcelona” aprendió "perfectamente el catalán". La cantante vive en Madrid y resulta que es fan de Crims.

Pienso en los maestros de esta estrella internacional –digo estrella aunque canta que no se ha sentido nunca “parte de ellas”–. Son las figuras adultas más importantes que hemos tenido, algunos, a la altura de padres y abuelos. Qué gentiles, todos estos chicos y chicas, despreocupados, desacomplejados, felices, humildes, como solo lo son los artistas de verdad. Y en la carretera, haciendo kilómetros, viniendo de lejos, otros jóvenes, y otros no jóvenes, que lo hicieron mucho antes, que cantan, hacen teatro, cine, escriben en catalán.

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Yo no debería estar escribiendo un artículo tan obvio. Pero lo escribo porque con la lengua catalana nada es obvio. Eres catalán y te pasas el día activando y dando gracias. Y me parece bien, porque en estos momentos de la vida, cuando nada se debería dar por sentado, yo daría gracias por los alimentos recibidos y por el agua que sale del grifo.