Opa hostil y concentración bancaria

A finales de la primera década del siglo XXI, había en España 55 entidades bancarias que han pasado a los 10 grupos actuales. El proceso de concentración ha sido empujado por el estallido de la burbuja inmobiliaria. Operaciones realizadas más tarde, como la absorción del Popular por el Santander en 2018, o de Bankia por Caixabank en 2021, también tienen sus raíces en la crisis que comienza en 2008. Después, el sector bancario ha sido más regulado y durante un período largo en un entorno de tipos de interés bajos que disminuyeron su rentabilidad. Muchos bancos europeos todavía tienen un valor de mercado por debajo del valor en libros, una indicación de que no son suficientemente rentables. Al mismo tiempo, el sector se ha sometido a la disrupción digital, que requiere grandes inversiones en tecnología, además de hacer obsoletas las extensas redes de oficinas. La conjunción de estos elementos hace que el tamaño de un banco importe, debido a las economías de escala en la tecnología. Una de las razones por las que los bancos americanos tienen mejores resultados que los europeos es que allí se han formado grandes bancos nacionales, algo que en Europa no ha ocurrido al no completarse la Unión Bancaria. Una razón adicional es que, para reducir el exceso de capacidad, las fusiones nacionales son las adecuadas, porque es donde los bancos tienen solapes. La entidad resultante podrá reducir costes en servicios centrales, plataforma tecnológica y en la red de oficinas, así como adaptar la plantilla a la economía digital. Pese a los llamamientos del Banco Central Europeo (BCE) para que se hagan fusiones transfronterizas para ganar escala y solvencia sin estropear la competencia, la gran mayoría son nacionales.

Estas consideraciones vienen a tono por la segunda propuesta de fusión, convertida en una arriesgada opa hostil, del BBVA en el Banc de Sabadell. ¿Será la buena fusión para los accionistas y para la sociedad en general (y en particular para clientes y trabajadores)? Desde el punto de vista del BBVA, ganar peso en España y Reino Unido (donde Sabadell tiene el banco TSB) es bueno, porque equilibra el balance de un banco que tiene grandes intereses en México y en Turquía. Al BCE no le gusta que los bancos europeos tengan grandes intereses fuera de Europa y la tendencia internacional está en el repliegue nacional de los grandes grupos bancarios. Entre los accionistas del Sabadell, como en muchos bancos, los fondos de inversión tienen más del 50% del capital, y bastantes, como BlackRock, Vanguard o Norges, están en ambos bancos. El éxito de la opa dependerá mucho, pues, de la actitud de los fondos, que puede venir condicionada por sus intereses generales en un entorno político en el que los gobiernos español, catalán y valenciano se oponen. Además, para el éxito de la fusión las sinergias deben materializarse y las plataformas tecnológicas deben integrarse bien. Recordamos la mala experiencia del Sabadell en la integración del TSB. Los trabajadores pueden esperar una reestructuración (dados los costes anunciados por el BBVA) siguiendo la tradición en la banca de bajas incentivadas.

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La fusión afectaría al nivel de competencia en España y en los mercados regionales como Cataluña. En el mercado actual en España la remuneración de los depósitos no ha seguido el ritmo de la subida de tipos. Las tres grandes entidades restantes postfusión (CaixaBank, BBVA-Sabadell y Santander) tendrían entre un 70% y un 75% del mercado bancario de depósitos y préstamos, a gran distancia de los demás competidores. Puede argumentarse que la fusión genera una entidad más simétrica con CaixaBank y Santander y que la competencia no debería sufrir. Más, contando con la banca online y las nuevas entidades digitales, que pueden ser plataformas tecnológicas. Ahora bien, esa simetría no se daría por ejemplo en Catalunya, donde la entidad fusionada dominaría el mercado del crédito. Además, el Sabadell es especialista en crédito a pymes y la desaparición de un banco especializado puede erosionar el crédito a éstas. Esto es así no sólo porque los bancos no pueden tener demasiada concentración de riesgo en una empresa (y muchas empresas tienen créditos de Sabadell y BBVA a la vez), sino también porque hay evidencia de que, cuando un banco que tiene mucha relación directa con pymes es absorbido por un gran banco, se pierde la información “blanda”, la que no se puede codificar en un credit scoring, y el crédito puede salir perjudicado. Las autoridades de competencia difícilmente pueden aprobar la fusión sin imponer remedios, al menos, en algunas regiones. El problema es que la desinversión en sucursales no es un remedio hoy en día, porque no está claro quién quisiera comprarlas para actividad bancaria y, más importante, la fusión no puede hacer renacer a una entidad especializada en pymes.

Desde el punto de vista de Catalunya, está claro que la fusión supondría una pérdida de poder de decisión local. La gran pregunta es si el Sabadell tiene suficiente tamaño para seguir adelante de forma independiente como banco especializado en pymes y en segmentos de banca digital. Hay razones para contestar afirmativamente; existen bancos más pequeños con modelos de negocio de éxito y rentables (en España, Bankinter, por ejemplo).

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