¿Orgullo de qué?

Estamos a finales de julio y eso debería significar que ha terminado el mes del Orgullo, pero hace dos semanas Collboni participaba en la manifestación del Pride en Barcelona y hace una que un coche, en Berlín, arrollaba a un grupo de gente que celebraba la fiesta en el Tiergarten: varios heridos y un muerto. Hace tiempo, el Orgullo era el día 28 de junio, y conmemoraba el aniversario de la revuelta de Stonewall aquel mismo día de 1969. Ahora bien: desde hace unos años, la cosa se alarga y se alarga, como pasa con cualquier acontecimiento del cual se pueda sacar algún tipo de beneficio económico.Sabemos de la relación conflictiva que tiene mucha gente con la idea del Orgullo y la celebración. Que por qué no hay un Orgullo hetero, que no hace falta destacar lo que la sociedad ya percibe como normal, que tanto escándalo y tanta bandera no son necesarios. El atentado en Berlín es un buen ejemplo: aunque el móvil yihadista quizás buscaba, solo, un cúmulo de personas a las que atacar, tiene algo de símbolo que el terrorista escogiera una masa que se manifestaba por sus derechos.Lo que no sabemos, sin embargo, es cómo se relaciona, la gente del colectivo LGBTIQ+, con la idea del Orgullo y la celebración. Y es que hay quien no se pierde ni una fiesta y está en todas las manifestaciones, pero hay quien, en cambio, tiene una relación compleja. No me refiero a la deriva comercial, consumista y blanqueadora del evento, que también, sino que me refiero a una cuestión más profunda. Seguramente escribo de esto, ahora, porque yo me he encontrado en este espacio liminal, extraño, en el que uno no sabe exactamente de qué debe sentirse orgulloso ni qué es exactamente lo que debe celebrar. Algunos dirán: hay que reivindicar la propia existencia, que no es poca cosa, y más teniendo en cuenta lo que pasó en la capital alemana, como si fuera un presagio de lo que puede llegar a pasar en los próximos años. Lo sé. Es imprescindible. Esto no quita, sin embargo, que uno pueda tener un vínculo tenso, complicado. La pensadora y activista Eve Kosofsky Sedgwick explica muy bien que no se puede entender la identidad queer únicamente desde la lógica simplista que pasa de la vergüenza inicial al orgullo final en un proceso de liberación victorioso, que es como a menudo se expone. Ella sostiene que incluso hoy, incluso aquí, a pesar de todos los orgullos y todas las celebraciones, la vergüenza continúa siendo una parte constitutiva de la experiencia queer. En los años ochenta, Leo Bersani ya sostenía que el deseo hacia alguien de tu propio sexo no tiene nada de radicalismo político per se: hay una gran diferencia, decía, entre tener una preferencia sexual y escoger un estilo de vida subversivo y combativo. Refiriéndose a los hombres gais, sostenía que era imprescindible, en el deseo homosexual, cuestionar las ideas de masculinidad y homosexualidad que fundaba el pensamiento heterosexual, en el que había un “buen homosexual”: aquel que se mantenía en el rol poderoso del hombre. Había que defender un movimiento de liberación gai que cuestionara estas disposiciones. En 2010, Judith Butler rechazó el premio del Orgullo de Berlín, no solo por la comercialización del evento, sino también abriendo una pregunta: cuando reivindicamos el Orgullo como sentimiento colectivo, transversal, ¿qué ocurre con aquellos que no se sienten o no se pueden sentir? Se refería al racismo estructural y a la discriminación de los migrantes LGBTIQ+. ¿Quién les puede exigir que se sientan orgullosos? ¿Orgullosos de qué?Sin embargo, hace poco el periodista Álex Vicente preguntó al sociólogo Didier Eribon, premiado este año en el orgullo de Berlín, qué pensaba de la palabra orgullo. Y respondía una idea que me parece importante, a pesar de todos los matices que he expuesto: “Ser gay te condena socialmente a la vergüenza y a la tristeza. Hay que reivindicar una fuerza de afirmación y transgresión”. Hoy me quedo con esto: alguien lo llamará “orgullo”; alguien otro, “celebración”, y alguien otro dirá “necesidad de reivindicar una fuerza de afirmación y transgresión”. Visto el panorama, es todavía muy necesario.