Personas intensas
Hay una forma de descripción de la personalidad que ha hecho fortuna en los últimos tiempos, que es la que califica a una persona como "intensa". Tiempo atrás quizás habríamos dicho que era un incordio, que siempre se pasaba o que era un exagerado. Pero todo eso serían atributos incompletos.
Los intensos son personas que lo viven todo sin término medio, tanto si es la alegría como si son las preocupaciones o indignaciones; gente que casi antes de decirte buenos días te pregunta con urgencia: “¿Es que no sabes qué ha pasado?” Son gente directa, que se salta los preliminares sociales, que cuando te pregunta cómo estás y contestas “bien” puedes notar un deje de decepción en su tono y un silencio para que hables. Y si no, te piden precisiones, como por ejemplo cuál es la cosa más divertida o aburrida que te ha pasado hoy. Ellos te lo explicarían sin rodeos y quieren reciprocidad, en cualquier momento que llamen e irrumpan en tu vida. Quieren la verdad, no una conversación de mantenimiento.
Según cómo, son agobiantes. No es que no escuchen, pero van al grano. Y, a veces, también dan un poco de envidia, los intensos, cuando ponen su estado de ánimo, sus planes o sus opiniones en el centro, aquel entrar en una tienda y acaparar la atención del dependiente, cuando van a por todas sí o sí, con aquella necesidad de vivir la vida a tope, abierta en canal cada día. Conozco de generosos, leales, positivos, que han superado con empuje obstáculos graves donde otros quizás habrían naufragado. Calculan, pero no engañan. Se han oído decir “tú tranquilo” toda la vida, y da mucha gracia oírles tronar con la respuesta: “¿Yo tranquilo? ¿Quiere que le explique mi vida?”
Feliz verano a los lectores y lectoras de todas las intensidades.