Todos los platos acaban rompiéndose

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Platos rotos en una imagen de archivo.
16/10/2026 - 17:39 h
Periodista

Duralex resiste. Como sus productos. La marca no se rompe. A pesar de que en las últimas dos décadas ha estado en concurso de acreedores cinco veces y ahora, que volvía a estar en peligro, se ha salvado nuevamente del cierre para empezar una nueva etapa. Duralex se anunciaba como una vajilla “prácticamente irrompible” y lo era. No engañaba. Idearon una técnica innovadora que consistía en calentar mucho el vidrio y después enfriarlo rápidamente. Así, lo hicieron mucho más resistente. Y si todavía quedan muchos hogares con vestigios de Duralex es porque, efectivamente, ha soportado muchos embates y los ha aguantado. Pero ¿tiene sentido aferrarse a una marca que fue muy útil en los 60 y 70, cuando estaba sola en su campo? Objetivamente, hoy en día hay una oferta amplia y mejor que los Duralex de toda la vida. ¿Qué queremos, pues, de la nostalgia? ¿Y qué nostalgia es salvable?

La izquierda política nunca ha sido irrompible y lleva tiempo en concurso de acreedores. Se aferra a una nostalgia, a una estética y a unos paradigmas que tuvieron sentido en otros contextos pero que no se han actualizado, en un panorama que pide nuevos planteamientos. Y liderazgos. La izquierda se ha roto muchas veces y hace evidentes los trozos que han quedado. Por eso es forzado pretender una unión, por mucho que el contexto la pueda pedir. Que tampoco sé si la pide. Cuando a alguien le cuesta mucho decidir si quiere estar con el otro, lo mejor es que hagan el camino separados. O que peguen los trozos como hacen en Japón, con la técnica kintsugi, que consiste en reparar la cerámica con polvo de oro para hacer visibles las grietas y no esconder la imperfección de una pieza rota.

La derecha no se rompe porque es monolítica. Y por ignorancia. Y por cinismo. La derecha no decepciona porque sobre ella no hay expectativas de cambio. Se le presupone una falta de creatividad total. No la necesita. Si todo ya está inventado, ¿por qué romperse la cabeza? La derecha también tira de nostalgia pero porque es perezosa y porque quiere ir atrás literalmente. Sus homenajes al pasado siempre tienen que ver con túneles muy oscuros que para querer volver a entrar en ellos hay que tener un sentido de la perversión notable. Pero no toda la derecha es la misma derecha ni toda la izquierda es la misma izquierda, y quizás el problema es que este sistema está sobreviviendo más que el Duralex y, finalmente, nadie sabe exactamente qué quiere la ciudadanía porque ni la ciudadanía sabe qué quiere.

Los grupos son difíciles de agrupar. Y lo más normal es no ponerse de acuerdo. Como cuando vas a cenar y todavía estamos decidiendo si pedimos tapas o cada uno se pide un plato principal. De Duralex, naturalmente. Porque Duralex no nos engañó. Y cuando se rompía, sabías, porque te lo habían dicho, que no era infalible. No te salía un Zapatero haciendo de joyero ni un directivo de Correos alérgico a los sellos. Duralex hizo su servicio. Pero quizás ahora ya no es su tiempo. A veces es mejor que se rompa toda la vajilla para poner una mesa que resulte más agradable. Y de la nostalgia hay que hacer evidentes las grietas. Porque de momento, solo nos estamos cargando aquello que era bonito. Lo horroroso, en cambio, se mantiene.

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