El poni 'pisador'
Hablemos de las pruebas PISA, después de este error que deja Cataluña (afortunadamente) fuera de comparaciones. Para evaluar el nivel –o si no quieren nivel, competencias– de los alumnos, de cada comunidad se eligen los institutos, y una vez elegidos los institutos, los alumnos, tal como cuando se hacen encuestas políticas. Porque en las encuestas, en los muestreos, no vale aquello de “España es una y no cincuenta y una”.
En estas pruebas se excluyen alumnos con problemas de aprendizaje. Han explicado, desde el departamento de Educación, que “de los 2.545 estudiantes seleccionados dentro de la muestra, hasta 591 se decidió que no pasaran los exámenes: seis por discapacidad física, 92 por dominio insuficiente de la lengua y hasta 493 por discapacidad cognitiva, emocional o conductual”. Pero en Cataluña se excluyó el 23% de los estudiantes, cuando la OCDE marca que como máximo se puede dispensar un 5%.
Y bien. Imaginemos que el dispensador de turno se encuentra con 15 alumnos que no son capaces de leer, por diferentes motivos, en una clase de veinticinco. ¿Cómo se las arregla para excluir solo 1,25? ¿De qué sirve, para el bien de la muestra, excluir a uno, si dejarás 14? Por lo tanto, que no se excluya a ninguno, que es lo mismo.
Creo que lo que de verdad sería útil es que todos los alumnos hicieran las pruebas. Los de alta complejidad, los que tienen problemas cognitivos, los que acaban de llegar: los que hay. Si resulta que hay muchos que no son capaces, por motivos diversos, pero inevitables, de leer, hay que repensar el sistema. No son la minoría. Y lo que queremos –yo al menos– es que salgan adelante. Entre los alumnos que han hecho las pruebas PISA está la futura presidenta de la Generalitat, el futuro director de el ARA y la futura, espero, columnista que firma estas letras (sobre mi cadáver).