Prioridad nacional racista
El lema de la prioridad nacional, como casi toda la retórica de la derecha ultranacionalista española, es una copia de parte del arsenal doctrinario del trumpismo. En este caso, el original es el America First, que fue uno de los eslóganes que llevaron a Trump a la presidencia de los EE. UU., junto con el Make America Great Again que Trump lleva incrustado en las viseras de sus deprimentes gorras de béisbol, y que con sus iniciales da nombre al movimiento MAGA. Nada nuevo bajo el sol de las ideologías y los discursos reaccionarios: cierre exterior e interior, repliegue, odio o suspicacia hacia aquello y aquellos que vienen de fuera, y exaltación de un puñado de valores tradicionalistas que funcionan como el cromo de una prosperidad supuestamente perdida, pero que en realidad nunca existió.Eslogans com “primero los de aquí” son subproductos de la política, tergiversaciones burdas del liberalismo, en que las ideas han sido sustituidas por las emociones: el miedo, la rabia, el odio. De esto viven las ultraderechas, y este es el género averiado que el Partido Popular ha comprado (ha vuelto a comprar) a sus socios y adversarios de Vox. La aceptación, ni que sea con matices y tira y afloja, de la prioridad nacional representa, como explica el editorial de este diario, una concesión muy importante, diríamos que definitiva, del PP a los discursos xenófobos, racistas y supremacistas. Desde el PP, siempre saben encontrar algún eufemismo para atenuar su genuflexión ante Vox y, en este caso, discuten (hacen ver que discuten) para vincular la prioridad nacional al arraigo y no a la nacionalidad. Pero el trasfondo no cambia: lo que hace el PP es dar cobertura y legitimación a una propuesta racista y xenófoba de la extrema derecha.A partir de aquí hay quien finge sorpresa o hace trampas con paralelismos inexistentes. Hay que decirlo: ni Bildu, ni Podemos, ni ERC ni Sumar representan de ninguna manera, dentro de la izquierda, nada equivalente a lo que representa Vox desde la derecha: una formación que reivindica, por ejemplo, el legado del franquismo y que hace propuestas frontalmente anticonstitucionales, como esta de la prioridad nacional, que desafía también los Tratados de la UE. Si queremos saber cómo se relaciona (y es previsible que se siga relacionando) el PP con Vox, basta con repasar cómo lo hace en las comunidades autónomas donde ya tienen tratos: ahora mismo, en Extremadura y Aragón, después de obstruir la gobernabilidad durante medio año, han accedido a formar gobiernos a cambio de facturas políticas draconianas que el PP tendrá que pagar poco a poco. En el País Valenciano y en Baleares, el PP lleva dos años de gobiernos con apoyo, desde dentro o desde fuera, de Vox: cada votación que se quiere llevar adelante en el Parlament balear o en las Cortes Valencianas exige una negociación desde cero, con los precios políticos y los intereses disparados. És lícito pensar que, si el PP mantiene un socio tan difícil (tiene alternativas en la mayoría de las comunidades y ayuntamientos) es porque, en el fondo, el proyecto polític del PP y el de Vox son indistinguibles.