Salvar España, empezando por Ceuta

La visita de Aznar a Ceuta dio el pistoletazo de salida a la ofensiva “seria” de la derecha española. Hemos visto desde la Armada capitaneada por Marcos de Quinto —ídem en mano—, hasta las manifestaciones del miércoles por todas las Españas —con el personal gritando proclamas racistas y consignas contra un presidente a quien tratan de hijo de puta—, pasando por la quema de un campamento de inmigrantes y por la aparición fulgurante de un informe de la policía —vía filtración a El Español, del Villarejo del periodismo, Pedro J. Ramírez— que deja a Marlaska y Sánchez a los pies de los caballos. Y seguiremos. El poder tiene siempre una estética y un ambiente moral, y en estos últimos días de agosto y primeros de septiembre hemos tenido un adelanto bien aclarador de cuáles son la estética y el ambiente moral de la derecha llamada a gobernar pronto España, si no lo impide —es la única posibilidad que queda— la ineptitud de Feijóo. Se basan en la usurpación de los mecanismos fundamentales de la democracia —como el derecho de manifestación— para descargar un alud de consignas irracionales, odios desbocados, desinformaciones e intoxicaciones que ocupan todo el espacio del debate público.En el caso de Ceuta, todo esto lo alimenta, naturalmente, el incomprensible trato exculpatorio que el gobierno de España da al de Marruecos. Como es incomprensible —o hace falta una gran agudeza, volvamos a decirlo, para comprender que la entrada de más de setenta mil personas en dos días por un paso fronterizo no es posible sin una determinada dejadez policial por parte de Marruecos—, esta voluntad a ultranza de exculpar a Marruecos de la situación alimenta toda clase de conjeturas: las últimas —por parte de cabeceras de signo ideológico diverso, como Público e El Confidencial— sugieren que podría existir un chantaje de la monarquía autoritaria alauí sobre Pedro Sánchez, que tendría algún tipo de relación con el espionaje de Pegasus. Quizás sí o quizás no. Pero hay una cosa cierta, y es que la internacional derechista existe. No es ninguna paranoia de un presidente psicótico, como se dice y se repite de Pedro Sánchez desde los entornos del PP y de Vox —o, directamente, desde estos mismos partidos.La internacional derechista existe y sabe que hacer caer al gobierno de España es hacer tambalear a Europa. Slavoj Žižek últimamente prefiere Instagram a la filosofía, pero, aun así, lo ha resumido bien: el mundo, ahora, está dividido entre la barbarie americana (incluye la barbarie israelí), la barbarie rusa y una especie de fascismo blando que mantiene en apariencia las libertades civiles, pero que lleva al poder al nacionalismo fuerte o ultranacionalismo, que significa corrupción e involución democrática. En medio de todo esto, Europa —la Unión Europea— sigue siendo el último reducto de la democracia liberal. El objetivo de todos ellos, en efecto, es hacerla caer. Y, a menudo, esta internacional derechista cuenta con la ayuda de una cierta izquierda euroescéptica o antieuropea que acaba haciendo el papel —véase el artículo de Ignasi Aragay sobre el libro magnífico de Johann Chapoutot Los irresponsables (Angle Editorial, en traducción de Andreu Gomila)— de los idiotas útiles de la derecha.