La Sanna y la Sanae

Hoy, en el ARA, hay una noticia sobre Sanna Marin, la primera ministra finlandesa que dejó la política por haber ido, en 2021, a una discoteca a pesar de haber estado expuesta al coronavirus y, sobre todo, por haberse divertido en una fiesta en su "residencia oficial". Hace pocos días, también en el diario, salía otra primera ministra, la de Japón, con un nombre de fuentes similar, Sanae, y un comportamiento del todo opuesto: hizo público que duerme pocas horas. En X escribió, no hace mucho, que había podido dormir "cinco horas de sueño completas por primera vez en mucho tiempo. Desde que asumí el cargo de primera ministra, dormir entre una y tres horas ha sido lo habitual". (permítanme este "lo", lectores, por motivos de coloquialidad.)

No puedes ir a una discoteca si es posible que tengas coronavirus; si lo haces, no se puede saber, y no puedes presumir de hacer fiestas divertidas porque quien va a fiestas divertidas no trabaja tanto al día siguiente a causa del déficit de sueño. Pero tampoco se puede presumir de dormir pocas horas porque se trabaja mucho, porque el déficit de sueño es el mismo.

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Hay gente que no duerme y va a Estivill. Hay gente que no duerme y se despierta muy bien. Hay gente que no duerme y no va a Estivill y no se despierta bien, pero, como Sanae, te hace sentir culpable a ti. "Me he levantado a las cinco para trabajar", te dice el insomne. "Desde las cuatro de la mañana estoy preparando la comida de mañana", te dice el amigo que te ha invitado. Entonces, este insomne que hacía croquetas a las cuatro, a las once es un despojo y se arrastra por los rincones. Tú te has levantado más tarde que él y a las once ya has barrido, fregado, asistido a dos videoconferencias y ido al gimnasio.

Podría ser amiga de Sanna, que se divierte cuando no toca, pero no podría ser amiga de Sanae, que trabaja cuando toca divertirse. Dormir, amigos, es una gran diversión.