TC y Defensor del Pueblo: el factor humano

Ramon Sáez y Enrique Arnaldo formaban parte de los vocales más jóvenes del Consejo General del Poder Judicial de 1996 a 2001. Aquel era un Consejo en el que, además de vocales propuestos por PP y PSOE, también estaban los nombrados por el PNV, CiU, Coalición Canaria e Izquierda Unida, en total cinco personas, cinco miembros que con frecuencia inclinábamos la balanza a resultados no siempre esperados. Tuvimos un presidente, Javier Delgado Barrio, extraordinario, y otras destacadas figuras como Luis López Guerra, Javier Moscoso, Manuela Carmena o Francesc Caminal, y no cito a muchos otros para no aburrir al lector.

Siempre digo que fue una de las etapas más difíciles de mi vida, porque fui muy consciente de que las decisiones que allí se tomaban tenían una gran repercusión en la vida social y política del país. Por eso siempre pienso que los problemas que ocurren en la vida real y en consecuencia sus posibles soluciones no se corresponden a una forma radical de concebir la vida entre conservadoras o progresistas. Afortunadamente la vida es mucho más rica y compleja y admite matices como los colores del arco iris. Así que la pretendida “obediencia ciega” a los partidos políticos que proponen un candidato/candidata debería olvidarse en el momento de la toma de posesión. Otra cosa es que por convicciones y una trayectoria de vida, las decisiones se ajusten a posiciones más conservadoras o progresistas, pero no automáticamente.

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Pero en nuestro Consejo, que el tiempo ya lo coloca muy lejano, teníamos unas torres de papel (todos los documentos eran en papel todavía) que incluso a veces nos impedían ver las caras quizás molestas de los que se sentaban enfrente. Sin embargo, una vez acabada la sesión, éramos capaces de irnos a tomar una cerveza al bar de abajo, celebrar un cumpleaños o simplemente una derrota, pues el factor humano siempre estuvo presente, algo para mí imprescindible.

Así las cosas, de entrada, las cuatro personas propuestas ahora para el TC corresponden al 2+2, tanto en cuestión de género como de ideología. Lejos están aquellos tiempos donde participaban también en las Instituciones del Estado representantes de partidos de los llamados periféricos.

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Ramón Sáez, que el martes por la noche dio una magnifica conferencia en Barcelona, es sin la menor duda uno de los mejores penalistas del país, cosa que hoy es muy necesario en el Tribunal Constitucional. Defensor de la libertad de expresión, los derechos humanos y las víctimas, como en tantas otras conferencias se ganó al público por su humanidad y sinceridad, rompiendo con la imagen del juez lejano en una defensa a ultranza de la justicia restaurativa. Pero Ramón es también un intelectual, un hombre profundo con el que siempre se puede dialogar aunque pienses diferente y, como se ha dicho estos días, es tan “progresista como independiente”.

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Enrique Arnaldo era un vocal muy activo en tiempos de aquel Consejo. Próximo ya en aquel entonces al presidente Aznar, todo parecía indicar una rápida carrera política. Con fama de “guerrero“, me imagino que lo seguirá siendo. Letrado de las Cortes, abogado y catedrático de Constitucional por la URJC con cuatro sexenios de investigación, lleva tiempo acumulando méritos profesionales y académicos, de manera que su competencia no ofrece dudas, pero tampoco su afinidad al sector más conservador.

Las dos mujeres propuestas son también una versión bien diferente del desempeño de la función judicial. Inmaculada Montalbán empezó a trabajar con mujeres maltratadas hace 25 años, cuando en realidad no existía ni el concepto de violencia de género, y ni siquiera se percibía como un problema. Según su opinión “No bastan las leyes, es necesaria una perspectiva de género para no perjudicar a las mujeres”. Así que no hay duda de que su aportación al TC tendrá también claramente este carácter.

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En el caso de Concepción Espejel como magistrada, destaca la Presidencia de la Audiencia de Guadalajara en 1999 y su llegada al CGPJ en el 2008 , así como la Presidencia de la Sala Segunda de la Audiencia Nacional en 2017. Su posición conservadora se ha visto reflejada en sentencias mediáticas como la del mayor Trapero, para el que en su voto particular de 460 paginas pedía una condena por sedición, en el caso Alsasua, donde impuso largas penas, o en el caso Valtonyc.

Pero no quiero acabar este articulo sin hablar de otro nombramiento, el de Ángel Gabilondo como Defensor del Pueblo, sin apenas aparente oposición y por supuesto sin que nadie se atreva a decir ahora “que es soso”. Creo que es una magnifica decisión y que su trayectoria, su profesionalidad, su altura intelectual y, sobre todo, su honradez y manera actuar durante todos estos años avalan este acuerdo. Este “viejo profesor” afable, dialogante y competente, y con un gran sentido del humor, seguro hará bien las cosas, y mientras escribo esta líneas pienso en este título como un gran elogio recordando al profesor Tierno Galván. Cosas de la vida, de la semántica y de género que no acabamos de solucionar, si a mí me llamaran “vieja profesora" no sé si me gustaría mucho.