Sobre teatro
Este sábado tuve la suerte de poder ver en Lloret de Mar Cuento cada paso mío sobre la tierra, un monólogo que Lluïsa Cunillé escribió expresamente para el actor Oriol Genís, dirigido por Xavier Albertí. La obra es de una delicadeza que solo encontramos en los niveles más altos del arte, ejecutada por tres primerísimas personalidades del teatro catalán. Agradezco mucho la idea de un ciclo Xavier Albertí en Lloret, su ciudad, y ojalá más poblaciones programaran teatro con esta ambición.Ahora que es Sant Jordi, poca gente comprará libros de teatro, a pesar de que el teatro quizás es, conjuntamente con la poesía, también poco vendida, la forma más rigurosa de la literatura. ¿Qué le vamos a hacer si la cultura (que en latín significa el cultivo) pasa por enterrar y regar una semilla que no se ve pero que está ahí, y con mucha más vida dentro que las plantas ya crecidas y a punto de ser consumidas. El teatro nos ha dado la tragedia, la forma más esencial de la conciencia humana.Y, por tanto, poca gente comprará, y lo siento, un libro reciente de Arola Editors (editorial perjudicada por el escándalo de las subvenciones denegadas a los libros catalanes, pero con un catálogo impresionante, de una importancia incalculable para nuestro teatro), Ansiedades teatrales reunidas, de Esteve Miralles.
“Ninguna otra manifestación artística exige respuestas más claras a las inconsistencias de un tiempo”, dice Miralles, al comienzo del libro. Desde su nacimiento, el teatro está ligado a la política, y cualquier sociedad mínimamente culta vehicula en él sus discusiones. Miralles tiene el mérito, tan necesario y poco frecuente en estos tiempos grises, de levantar el nivel. En momentos de guerra y robotización, reivindica el humanismo a través de dos puntales que se necesitan el uno al otro y que quizás son lo mismo: la piedad y la conciencia. Especula a partir de piezas teatrales de autoría catalana y extranjera en pequeños ensayos donde teatro, cine, canción, literatura, psiquiatría y teleseries se relacionan y se miran. Algunos escritos sobre la lengua teatral son muy interesantes pero también muy especializados. Cuando Miralles habla de La buena persona de Sezuan o de Macbeth tienes la impresión de estar leyendo ensayo de primer orden europeo. Algunas veces, en la reflexión, Miralles invoca su experiencia íntima, y entonces las páginas se vuelven memorables, porque refuerza el humanismo. Es valiente, y aconsejo mucho ir a internet y leer un artículo suyo de hace poco, publicado en Atzucac y titulado "El Consenso Colonial contra la literatura catalana". Vale muchísimo la pena.