1. La decisión del TEDH con relación a la presencia de la lengua catalana en el sistema educativo ha sido, probablemente, el golpe más duro que ha recibido esta cuestión desde la sentencia del TC contra el Estatuto de 2006.
2. No solo ha sido una bofetada, sino que pone en evidencia diversas cuestiones que se deben tener muy presentes. La primera es una decisión contraria a aquello que pretendían los agentes que presentaron el recurso (los padres de la escuela de Canet de Mar, Òmnium). El batacazo es muy notable. En segundo lugar, permite adivinar el paso siguiente: no bastará con el 25%. Las entidades nacionalistas españolas, políticas y parapolíticas, continuarán empujando hasta conseguir el 50%. Y lo conseguirán, amparados por el TSJC, el TC y el TEDH. Esta vía, para los defensores de la inmersión, del 25%, de la línea oficial institucional, está completamente perdida.
3. Hay que leer con mucho cuidado el documento del TEDH, sobre todo en sus contenidos teóricos. Òmnium y los otros agentes que recurrieron deberán reconocer en voz alta que Europa no nos mira ni nos escucha. Los argumentos del TEDH son clásicos de manual de historia de las naciones y los nacionalismos en la Europa contemporánea. El TEDH no defiende a las minorías nacionales; defiende los derechos humanos individuales, que, como saben los juristas espabilados, son cosas muy diferentes. Las minorías nacionales en Europa no tienen ninguna instancia jurídico-política que las defienda ante los estados nación. Y el TEDH emana de estos estados nación, no de ninguna confederación de minorías nacionales. Escribir sobre la "lengua nacional" (o estatal, según se quiera entender: national language) y la "lengua regional" en un texto de esta índole es una sentencia definitiva para la política lingüística de la inmersión. Dicho de otra manera, en Europa (los estados nación europeos, la Unión Europea, la OTAN o Eurovisión), Cataluña, como entidad política nacional, no interesa, no importa y no se la espera. Lección definitiva del TEDH y de esta Europa oficial.
3. El comportamiento del gobierno catalán es, simplemente, lamentable. Declarar que la decisión del TEDH no afecta los fundamentos del sistema y nada es exactamente lo mismo. Todos sabemos, y desde hace años (con gobiernos de Junts, ERC o socialista), que a cada lavada se pierde una sábana. El documento del TEDH solo pone en evidencia la anemia institucional del Govern y de las consejerías más directamente afectadas (Política Lingüística, Cultura, Enseñanza). Anemia, debilidad, impotencia. Y política del avestruz.
4. ¿Por qué el departamento de Enseñanza no hace público el mapa de los institutos y centros escolares donde habría que exigir que el 25% de la docencia, las conversaciones de patio y en los despachos, fueran en catalán? ¿Cuántos centros estarían afectados en caso de exigir un 25% de catalán?
5. Naturalmente, podemos exclamarnos por la próxima e inmediata desaparición-extinción-liquidación de la lengua catalana, agredida, atacada y, finalmente, derrotada por el españolismo nacional-lingüístico. Hace un montón de años que lloramos y nos rasgamos las vestiduras. Lo continuaremos haciendo. Pero es muy estresante, y no solo lingüísticamente.
6. 1939, año cero de la lengua y el país: el punto más bajo de su historia, con opciones reales de desaparecer del ámbito público (modelo francés del siglo XIX, con los ingredientes fascistas de la época). En aquel momento sí que todo jugaba en contra. ¿Cómo explicamos que, desde este 1939 hasta el fin de la dictadura y más allá, la lengua catalana sobreviviera, resistiera y acabara siendo, de nuevo, la lengua de referencia en prestigio social, cultural, civil, religioso, político (en el campo antifranquista y las zonas grises), con un régimen dictatorial (el fascismo católico español) que siempre, siempre, le fue en contra? ¿Quién y cómo lo hizo posible? La respuesta es tan válida para la coyuntura franquista como para ahora: los sectores sociales más dinámicos, inteligentes y dispuestos del país. Trabajando contra el Estado, sin esperar nada a cambio que no fuera la satisfacción de ver cómo se confirmaba la supervivencia y las ganancias de calidad de una lengua primero perseguida y después despreciada. Incluso nuestros franquistas la tuvieron que usar y reivindicar (de aquella manera), porque sabían que era la carta ganadora.
7. El año 2026 la respuesta debería ser muy semejante e, incluso, más expansiva. Ofreced calidad y rendimiento, éxito público, prestigio social y cultural, vinculados a la lengua catalana. Ahora bien, para conseguirlo hace falta un cambio radical de estrategias institucionales y civiles: dejar de considerar las artes, las humanidades, la cultura escrita y pintada, la investigación humanística en general, que tienen su motor de expresión y expansión en la lengua, como algo residual (es la política de nuestro gobierno y de su consellería de Universidades) y casi prescindible. Si la sociedad civil más activa y comprometida (no hay que confiar en nuestro gobierno, como no había que hacerlo en los anteriores), aquella que neutralizó la amenaza de 1939, se pusiera en la línea de lo que ha hecho históricamente Òmnium, tendríamos mucho ganado. Quizás vale la pena pensarlo un poco.