“Pronto será medianoche en el siglo”. Son palabras de Edgar Morin que, a sus 104 años, sigue dando muestras de su lucidez en una larga entrevista a Le Monde. Preocupado “por la región neoautoritaria que se extiende por el mundo” y que favorece “una de las dos Francias: la que fue mucho tiempo monárquica, aristocrática y religiosa, una Francia petainista, frente a la republicana, laica y social”, lamenta que a los humanistas les cueste hacer piña en un momento en que es imprescindible “un regeneracionismo consciente de la identidad de origen y de la comunidad de destino de todos los humanos”. Y todo ello en “un proceso catastrófico en curso. Y aunque Trump y Netanyahu no son eternos, ahora mismo no hay opción de salud. No podemos levantar otro testimonio que el de la impotencia. La única esperanza es lo improbable. Resistamos”.
Edgar Morin no ha contestado nunca la existencia de Israel, pero precisa: “Me inscribo en la línea de los judíos humanistas, de Baruch Spinoza a Hannah Arendt, pero también de los intelectuales israelíes, como Shlomo Sand y los del diario Haaretz”. A menudo hay contaminación “entre el antisemitismo, el antijudaísmo y el antiisraelismo”, y se ha de “saber distinguir”.
Se declara heredero de Montaigne, pero en cuanto a las posibilidades humanas “la fe y la duda dialogan sin discontinuidad: dudo de la humanidad a pesar de creer en ella”. De hecho, la duda es la base del conocimiento y del verdadero progreso.
“La relación masculino-femenino es biológicamente de sexo y culturalmente de género y ha de llegar un estadio en que la mujer sea reconocida a la vez igual y diferente del hombre”. Y más allá: “Estoy a favor de todo lo que es trans, es decir, que rehace”. Y si hablamos de transgénero, “quiero recordar que hay en la condición masculina una parte femenina atrofiada, que comprende físicamente los pechos, y en la femenina una parte masculina atrofiada, físicamente el clítoris”. De aquí “el deseo de cambiar de sexo o de llevar plenamente los dos sexos en sí”.
Y para acabar, una advertencia con la autoridad que da la veterania: “La inteligencia artificial confirma que podemos ser instrumentalizados por nuestros instrumentos”. Es decir, que podemos perder la capacidad de pensar y decidir por nosotros mismos, que es la más noble expresión de la condición humana. Y una recomendación: ¿Cómo se puede envejecer sin ser viejo de mente? “Haciendo que el amor y la curiosidad sigan presentes”. Un consejo, como conclusión: “Resistan”.