Crítica de tv
Opinión 02/12/2020

¿'The Crown' es ficción?

La serie no se puede vender como una producción fruto de la imaginación

Mònica Planas
3 min

El gobierno británico pedirá a Netflix que añada una advertencia al inicio de la serie que especifique a los espectadores que lo que verán a continuación es ficción. Así lo ha expresado el secretario de Cultura, Oliver Dowden, ante la preocupación que le genera que muchos jóvenes del país “confundan ficción con realidad”. La propuesta es, como mínimo, desconcertante. Si Peter Morgan, creador de The Crown, en vez de hacer una serie hubiera escrito un libro sobre la vida de la reina de Inglaterra, nunca se consideraría ficción. En todo caso se trataría de una biografía no autorizada, que es muy diferente. Pero en la televisión, por su influencia y por la facilidad con la que se convierte en un espejo muy potente de la realidad, genera mucha más miedo.

A medida que The Crown se ha ido acercando al presente, se ha ido volviendo más incómoda. La memoria más reciente, individual y colectiva, es la que duele más a la hora de hurgar en ella. El gobierno británico ha tardado cuatro temporadas en pedir el aviso de ficción. Justo cuando recrea la década de los ochenta y la irrupción de Diana Spencer en el panorama familiar. El terror, ahora, es que la veracidad que exuda The Crown haga despertar el fantasma de Lady Di y la impopularidad de la reina. The Crown quizás es tan auténtica que le ha devuelto la angustia de los annus horribilis.

Por supuesto, The Crown no puede tener la exactitud que tendría que tener un documental periodístico o las imágenes de archivo. Pero esto no la convierte necesariamente en ficción. The Crown es una recreación muy documentada de la realidad. Seguramente, la perfecta y rigurosa ambientación de la serie es lo que contribuye a reforzar su veracidad global. Antes de esta polémica, algunos de los propios actores de la serie habían alabado la exigencia documental que daba solidez a la serie. The Crown es una ficción en cuanto que es una recreación con actores, pero no se puede vender como una producción fruto de la imaginación. ¿Netflix pondría el letrero de ficción a una serie como Narcos sobre la trayectoria de Pablo Escobar? ¿O se pondría el letrero de ficción a la hora de relatar el caso de O.J. Simpson en American crime story? En todos los casos hay licencias creativas, pero etiquetar como ficción la recreación de unos hechos reales tiene el interés de utilizar la palabra como sinónimo de mentira, que es lo que le conviene ahora mismo a la monarquía británica.

Si The Crown fuera pura ficción y la familia protagonista una monarquía imaginaria, ni la producción sería tan buena ni el éxito el mismo. Por supuesto, debe de ser muy difícil e incluso injusto ver tu vida reconstruida con inexactitudes y diálogos inventados. Quizás se tiene que entender como una losa que va con el cargo. Puestos a señalar ficciones, no hay ninguna otra más flagrante que las instituciones monárquicas, que son la gran farsa social y los ciudadanos tienen la obligación de estar abonados a ellas y de tragarse sus historias temporada tras temprada. Quizás lo que tendría que hacer el gobierno británico es colgar el letrero de ficción en la puerta de Buckingham Palace.

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