Donald Trump y Gianni Infantino con el trofeo
20/07/2026
Escritor
2 min

Trump asistió a la final más pesada de la historia no tanto a ejercer de anfitrión como a hacerse unos memes con su amigo Infantino. Fue con dos patatas calientes dentro de los bolsillos: su guerra en Irán (que pierde) y las elecciones de medio mandato del próximo noviembre (que también puede perder). Las dos patatas, claro, están fuertemente conectadas: por supuesto, la desastrosa gestión de la crisis del Golfo y sus consecuencias empeoran las expectativas trumpianas ante los comicios, en los que se juega la mayoría en el Congreso.En Irán Trump continúa aferrado a lo que la periodista del New Yorker Robin Wright ha definido como "ad-lib strategy", es decir, una estrategia que no es ninguna estrategia. Una forma de actuar basada en los volantazos, el capricho, la volatilidad y los cambios de rumbo, en la que tan pronto se ordenan bombardeos masivos como se anuncian supuestos éxitos diplomáticos que siempre son éxitos al estilo de Vance, Hegseth o Rubio: ideas que debieron parecer buenas en las reuniones del núcleo duro de la administración Trump pero que fracasan en contacto con la realidad. Haber reanudado el conflicto armado después de haber firmado, aunque fuera telemáticamente, un acuerdo de paz –ahora congelado desde Teherán, mientras Trump se iba al fútbol– solo se puede calificar de demostración de ineptitud y de debilidad. Es evidente que Trump y sus colaboradores menospreciaron la capacidad de resistencia del régimen de los ayatolás, que incluso han superado la decapitación de su cúpula y la han renovado sin demasiados problemas, al menos en apariencia. No ha sido un paseo como dar un golpe de estado en Caracas, secuestrar a Maduro, poner un gobierno títere en el país y robarle el petróleo. El barco pirata de Trump ha encallado en el Golfo, y aparte de los miles de vidas humanas ya consumidas por el conflicto, el paquidermo naranja se juega que el estrecho de Ormuz continúe cerrado. La consiguiente subida de los carburantes, y de los precios en general, es un efecto extremadamente impopular entre el electorado estadounidense. Este es uno de los factores que explican los bajísimos índices de popularidad que ya hace tiempo que arrastra Trump, y las magras expectativas que le dan las encuestas para las mid-termelections de noviembre.Por eso Trump ya hace días que recurre al manual de resistencia facha (también tienen uno) y apareció el pasado viernes en la Fox –ninguna otra cadena quiso emitirlo– con un comunicado alertando de un posible fraude electoral como el que, según él, ya se vivió en las elecciones del 2020, una mentira basada en tergiversaciones sobre la inmigración, la demografía y el censo. ¿Les suena? Es la misma canción que repite noche y día la ultraderecha de aquí, así la española como la catalana, empezando por el triste Feijóo. No era lo que quería Trump, pero recordar las elecciones americanas del 2020 fue una manera de recordarnos también que él fue el instigador del asalto al Capitolio del día de Reyes del 2021. Y que, en consecuencia, no le correspondería ser presidente, sino en la cárcel.

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