Una vez más, en Baleares, la escuela en catalán

Según datos dados a conocer por el Gobierno Balear, el apoyo de la ciudadanía de las Baleares a la escuela pública en catalán sigue siendo muy ampliamente mayoritario. Abrumador, si preferimos los adjetivos ídem. En Mallorca, el 81,85% han elegido matricular a sus hijos en la escuela en catalán. En Menorca lo han hecho un 89,7% de las familias, y en Formentera, el 82,45%. La excepción a la tónica general ha sido Ibiza, donde han elegido el catalán solo el 53,28% de las familias, por un 46,71% que ha elegido el castellano.El total en el conjunto de las Baleares ha sido de un 78,57% de votos favorables al catalán, aunque este porcentaje no representa la realidad de forma suficientemente precisa, porque hay que diferenciar entre los resultados de Ibiza y los del resto de islas. Naturalmente, hay que mejorar los resultados en todas partes: la normalidad sería en un porcentaje del 90% o superior a favor del catalán en cada una de las islas. Aun así, teniendo en cuenta la revolución demográfica que han vivido las Baleares en los últimos 25 años (que requiere ser estudiada con mucho cuidado, y no con prejuicios ni generalizaciones) y la fuerte presión contraria al uso del catalán que ejerce el nacionalismo españolista, no tan solo a través de la política sino también a través del turismo como único plato de la actividad económica, de ciertos medios de comunicación y de las redes, estos son unos resultados razonablemente buenos. No para contemplarlos y felicitarse por ellos, sino para ponerse urgentemente a trabajar para reforzar el uso de la lengua propia de las Baleares en su propio territorio. El caso de Ibiza es el más difícil y, por eso mismo, no necesita derrotismos ni mensajes apocalípticos estériles (y casi siempre interesados), sino un pleno apoyo a los ibicencos que trabajan en favor del catalán de manera más que meritoria en el día a día.Hace tres años que este gobierno presidido por Marga Prohens da a los padres la “libertad” de elegir la lengua de escolarización de sus hijos. Es lo que queda de un plan de segregación lingüística que, a exigencia de Vox y con el visto bueno del PP, pretendía separar a los alumnos por lenguas y crear así una fractura social con la escuela pública como escenario de confrontación. Una separación socialmente indeseable de los alumnos entre mallorquines, forasteros e inmigrantes, para no tener que compartir aulas con según quién (hay, al parecer, quien propone esto mismo para Cataluña). El plan en cuestión fue rechazado de plano por la comunidad educativa de Baleares, pero la “libertad de elección” ha quedado y cada año arroja resultados similares. Hay quien dice que al PP ya le va bien, porque de esta manera contenta a los socios de Vox sin que en la práctica todo ello se traduzca en ningún cambio notable. Debemos pensar que no es así, porque si lo fuera, nos encontraríamos ante la política educativa más absurda y estúpida que se pueda imaginar, que degradaría la escuela pública a partir de gesticulaciones sin contenido ni sentido. Y los gobernantes de Baleares no incurrirían en una política como esta. De esto estamos seguros.