La corrupción, Ferrovial y la moción de Tamames

MadridEsto se anima. La larga campaña electoral nos tendrá muy distraídos. Todo vale para lanzarse sobre el rival, ya sea el caso Mediador, un sórdido episodio de corrupción que afecta al PSOE, o la marcha de Ferrovial, de la que según el PP tiene la culpa el gobierno por perseguir a los empresarios. Hay razones para creer que esta campaña será como las antiguas batallas navales, cuando los barcos eran de madera e iban armados con decenas de cañones. Así ha sido el signo de la última semana, en la que la orden ha sido batir la cubierta de la nave oponente –no diremos enemiga– y abordarla sin piedad. El debate ha transcurrido a golpe de hacha.

Ahora la atención mediática está centrada en el ya exdiputado socialista Juan Bernardo Fuentes, conocido como Tito Berni, protagonista de la mencionada operación Mediador y supuestamente al frente de una trama dedicada a extorsionar a empresarios de Canarias que habría utilizado las instalaciones del Congreso para sus maquinaciones. Una vergüenza, sin duda. Hay personajes como el del general de la Guardia Civil al que se le han encontrado 61.110 euros en metálico en casa que parecen salidos de un guion cinematográfico de Rafael Azcona, llevado a la pantalla por Luis García Berlanga.

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Es un tema lastimoso, que demuestra que el fenómeno de la corrupción tiene las manos muy largas y que los controles de la actividad de los políticos parecen no ser nunca suficientes. Pero cuidado con excederse. Lo digo porque ahora ya no es fácil acceder al Congreso y quieren complicarlo todavía más. Teóricamente, el objetivo es que las instalaciones de la cámara no puedan ser escenario de corrupción. Un propósito un poco ingenuo, porque los pactos inconfesables no hace falta hacerlos en los despachos del Parlamento.

Esto queda muy claro en el otro tema de la semana, las filtraciones sobre las actividades de los más altos responsables del ministerio del Interior en la etapa de Mariano Rajoy (PP). Para este guion ya no podríamos recurrir al tándem Berlanga-Azcona. Aquí ya estamos en el ámbito de Álex de la Iglesia y su guionista habitual, Jorge Guerricaechevarría. Volver a conocer cómo se utilizó el aparato de seguridad del Estado para intentar tapar la corrupción del PP mientras se intentaba luchar contra el independentismo por vías ilegales es una experiencia desalentadora. Cuánta mala fe y cuánta incompetencia.

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Pero lo que también llama la atención es la reacción de los dos grandes partidos estatales ante las revelaciones en los dos casos, el de Tito Berni y el de la operación Kitchen, en paralelo con las actividades de la llamada policía patriótica. En el primer caso, el PSOE ha querido perimetrar el fuego para tratar de evitar que el incendio se propagara y afectara a otros diputados que participaron en encuentros gastronómicos con el mencionado exparlamentario, el Tito Berni, asistente también en otras fiestas nocturnas vergonzosas. Pero es que en el segundo caso el PP hace años que mira hacia otro lado y que no ve la viga que tiene en los ojos. Y esto también tiene una traducción en la actividad parlamentaria.

Lo digo porque ahora el PP reclama una comisión de investigación sobre la supuesta trama de cobro de comisiones de Tito Berni, y en cambio se ha opuesto a dejar que empiece a funcionar la que ya se votó el mes de junio pasado sobre la operación Catalunya y la policía patriótica, sin que todavía se haya constituido. Este conjunto de episodios es, probablemente, el punto inicial de una larga campaña electoral que tiene la primera parada el próximo 28 de mayo, con las municipales y autonómicas, y la segunda a finales de año, con las generales. El ruido de sables entre el PP y el PSOE será intenso, como vemos. Los rumores recorren estos días los cenáculos de Madrid, con la tesis de que este clima cargado solo acaba de empezar y que hay mucho más material esperando salir a la luz pública en el momento oportuno para deteriorar la credibilidad del rival.

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La cuestión es a quién le hace más daño este ambiente. Diríamos que a la sociedad en general, por la pérdida de confianza en los políticos y la política. Pero esto también acostumbra a tener unos perdedores más claros que otros. Para la izquierda, la capacidad de movilización será clave en las próximas elecciones. Hace tiempo que es difícil que desde las tribunas políticas se genere ilusión. La gente quiere hechos, más que promesas. Los teóricos de la filosofía política nos alertan cada día sobre el regreso al individualismo feroz como refugio, sobre todo si no se encuentra vivienda, por ejemplo, y cuando se encuentra lo que cuesta es pagar la luz y el gas, mientras se tiene que hacer cola para ir al médico.

La moción de censura

Por eso resulta también curioso ver cómo el portavoz de Podemos, Pablo Echenique, dedicó más tiempo a criticar al PSOE que a referirse a las nuevas revelaciones, en forma de whatsapps publicados en El País, sobre la actuación del ministerio del Interior sobre el caso Kitchen. Aquí se trataba del intento de robar documentación al extesorero del PP Luis Bárcenas para tapar este caso de corrupción y la supuesta financiación ilegal de este partido. El caso de un diputado presuntamente comisionista es grave. Pero el de un partido que utiliza los aparatos del Estado para cubrir su propia corrupción suena mucho peor. En este escenario, a Gabriel Rufián, portavoz de ERC, y a Ferran Bel, portavoz del PDECat, solo les quedó el otro día el recurso de la queja, de la pataleta, como dijo Rufián en el Congreso.

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Menos mal que en este escenario está a punto de llegar la estrambótica moción de censura de Vox. A la hora de encontrar soluciones, nada mejor que encargar a Ramón Tamames la tarea de derribo del gobierno de coalición del PSOE y Podemos. Durante la Transición, trabajó con Santiago Carrillo, secretario general del PCE. Ahora, en cambio, ha aceptado ser el ariete contra Sánchez. Respeto la trayectoria de Tamames, pero esta pirueta no la entiendo. La vida, que da vueltas. Hace unos años algunos se alegraban de que empresas y entidades financieras sacaran sus sedes sociales de Catalunya. Ahora lamentan que Ferrovial se marche de España a los Países Bajos por probables intereses fiscales. De hecho, al gobierno le preocupa más este movimiento –deseando que no se contagie a otras sociedades– que los posibles efectos del guirigay en el que puede convertirse la moción de censura. No nos puede extrañar que con todo este trasfondo haya expectación por la puesta en escena de una obra que se podría titular Calienta, Tamames, que sales.