Política española

Diez años desde que Iglesias y Rivera rompieron el bipartidismo

La irrupción de Podemos y Ciudadanos en el Congreso marcó un cambio de etapa de la que Sánchez es el único superviviente

MadridSe ha hecho habitual ver al gobierno español perder votaciones o necesitar acuerdos con múltiples partidos políticos. Pero hace diez años que el PP o el PSOE empezaron a tener ese quebradero de cabeza. Las elecciones del 20 de diciembre del 2015 dieron paso a una fragmentación inédita en el Congreso de los Diputados, y acabaron con el bipartidismo histórico: perdió 83 escaños, mientras que Podemos y Ciutadans –procedente de Catalunya– irrumpieron en la Cámara Baja con 69 y 40 diputados, respectivamente. Pese a las evidentes discrepancias políticas, la noche electoral ambas formaciones hicieron el mismo diagnóstico: Pablo Iglesias, el líder de los morados, reivindicó que había "nacido" una "nueva España" y Albert Rivera, el rostro más visible de Cs, celebró que empezaba una "nueva era política de esperanza e ilusión". Ninguno de los dos proyectos tiene hoy esa fuerza –Cs incluso ha desaparecido–, pero el bipartidismo no se ha recuperado. Ahora son Vox y Sumar quienes les han tomado el relevo para consolidar un sistema con cuatro partidos estatales que conviven con la retahíla de partidos autonómicos que también son clave para la gobernabilidad.

La división parlamentaria que ha acompañado esta nueva etapa ha generado una mayor inestabilidad en el Congreso, una dificultad creciente para llegar a acuerdos y una proliferación de las alianzas multilaterales. Una de las derivadas más tangibles han sido los obstáculos para sacar adelante los presupuestos: antes del 2015, España solo se había quedado sin cuentas públicas en 1996. Desde que Pedro Sánchez gobierna sólo ha aprobado tres de los ocho presupuestos. Por el momento, esta legislatura le ha sido imposible –hay que poner de acuerdo con Sumar y otros cinco partidos.

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La otra consecuencia del cambio de paradigma del 20-D se puso de manifiesto pocos meses después: la repetición electoral. En aquella ocasión, los socios naturales –PP y Cs o PSOE y Podemos– no llegaban a la mayoría necesaria y Sánchez aún no había dado el paso adelante de pactar con el independentismo. Este bloqueo condujo a las elecciones del 26-J del 2016 y pudo provocar las terceras si no hubiera sido por la abstención del PSOE –posterior a la defenestración de Sánchez– para mantener a Mariano Rajoy en la Moncloa. En 2019 se repitió la secuencia de la repetición electoral. Y en el 2023 la aritmética endemoniada habría conducido de nuevo a las urnas sin las cesiones de Sánchez para atar los apoyos de todo el independentismo.

El espacio a la izquierda del PSOE

La gran irrupción de los comicios del 20-D la protagonizaron Podemos y sus confluencias: la formación capitaneada por Pablo Iglesias se alió con otros partidos territoriales –los comunes en Catalunya, Compromís en la Comunidad Valenciana y En Marea en Galicia–, sumó 5,2 millones de votos y alcanzó los 9. Fue la tercera fuerza en el conjunto del Estado y ganó los comicios en Catalunya. El gran salto cualitativo llegó cuatro años más tarde con el célebre abrazo entre Sánchez e Iglesias que originó el primer gobierno de coalición de la democracia. Ya con Iglesias fuera de la ecuación, hace dos años, le tocó a Yolanda Díaz rebautizar el espacio para configurar Sumar. Durante todo este tiempo, la presencia de Unides Podem y de Sumar en la mesa del consejo de ministros ha provocado el afloramiento de voces internas discrepantes: por ejemplo, sobre el Sáhara Occidental, sobre la OTAN y la gasto militar y sobre las políticas de vivienda.

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Dos pactos en seis meses

El otro protagonista del nuevo ciclo fue Ciutadans, que logró 3,5 millones de votos y 40 escaños. Dos meses después de las elecciones, Albert Rivera llegó a un pacto con Pedro Sánchez para un gobierno "reformista y de progreso", pero el PSOE y Ciudadanos no tuvieron escaños suficientes para materializar la investidura. A raíz de la repetición de las elecciones, los naranjas pactaron con Mariano Rajoy una batería de 150 medidas para "mejorar a España". Tampoco era suficiente, pero finalmente la abstención de los socialistas posibilitó la investidura del líder del PP. En abril del 2019 Ciudadanos se catapultó hasta los 57 diputados: permitían gobernar en coalición con el PSOE, pero Rivera renunció a ello. Con las nuevas elecciones, cayó hasta los 10 escaños. Y en el 2023 terminó desapareciendo del mapa político.

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La mirada soberanista

En clave catalana, las elecciones del 20-D también supusieron un antes y un después. Fue la primera vez en la historia que ERC superó el espacio de Convergència. Los republicanos, con un desconocido Gabriel Rufián al frente, lograron 35.000 votos más que Democracia y Libertad, la marca de Convergència, liderada por Francesc Homs. Las cuatro elecciones generales que han tenido lugar desde el 2015 han tenido el mismo desenlace. De hecho, ERC superó el millón de votos en abril del 2019 con Oriol Junqueras de candidato –en medio del juicio del Proceso y con el exvicepresidente catalán en prisión–. Y en esos comicios y en la repetición de noviembre fue el partido más votado en Catalunya. El 23-J Rufián logró 70.000 votos más que Nogueras.

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Las elecciones del 2015 también fueron las que hicieron desaparecer a Unión Democrática del Congreso: presentándose en solitario por la ruptura con Convergència, Josep Antoni Duran i Lleida sólo logró 65.000 votos. Previamente también se había quedado fuera del Parlamento.

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El blindaje del régimen del 78

Pese a la ruptura del bipartidismo, el PP y el PSOE se han seguido entendiendo –o al menos han seguido yendo de la mano– en cuestiones de estado y que afectan a las raíces del sistema político. En junio del 2024, después de cinco años y medio de discrepancias y reproches, populares y socialistas acordaron la renovación pendiente del Consejo General del Poder Judicial. Sumar entró en los nombres de los vocales, pero se abstuvo en la reforma de la ley del Poder Judicial que les acompañaba. Algunos socios de investidura de Sánchez reprocharon al presidente español que renunciara a una reforma profunda de la justicia española.

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El PP y el PSOE también hicieron pinza para evitar que la reforma del artículo 49 de la Constitución (la sustitución del término disminuidos por personas con discapacidad) fuera el preludio de cualquier otra reforma más ambiciosa de la carta magna. En cambio, el matrimonio de conveniencia se rompió a la hora de renovar la cúpula de RTVE: el PSOE optó por modificar las mayorías necesarias para poder sacarlo adelante marginando al PP y con el beneplácito de los socios de investidura.