Pedro Sánchez, el devorador de las izquierdas

BarcelonaNo solo está preparado para las elecciones, sino que el PP de Alberto Núñez Feijóo las lleva pidiendo al menos desde hace un año. Vox incluso abrió simbólicamente la precampaña electoral hace unas semanas en Cataluña, con Santiago Abascal como líder indiscutible de la candidatura. Las derechas ansían los comicios —a pesar de la estratégica advertencia de que el gobierno español podría intentar manipularlos— porque están convencidas de que, esta vez sí, se les abrirán las puertas de la Moncloa. A la izquierda, en cambio, hay un solar con todo por hacer a toda prisa.

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Las encuestas hace tiempo que dibujan un escenario propicio para un cambio de gobierno en España. Es, más o menos, el mismo contexto con el que Pedro Sánchez convocó elecciones en 2023. Como entonces, un movimiento a la desesperada para intentar mantener la presidencia o, al menos, para salvar los muebles del PSOE. Para los socialistas, aunque no pudieran seguir gobernando, esquivar un descalabro y mantenerse alrededor de los 120 diputados sería aceptable para afrontar la nueva etapa en la oposición. ¿Pero de dónde puede sacar los votos para hacerlo posible? Viendo el motivo para el adelanto electoral —el decreto Maricarmen— y las primeras propuestas, resulta evidente que el objetivo vuelve a ser movilizar a la izquierda. Y si el PSOE se convierte en el voto útil de izquierdas, los primeros que lo pagarán serán sus aliados potenciales, inmersos en los mismos problemas de siempre.

La falta de preparación a la izquierda del PSOE no es, evidentemente, culpa de Sánchez. Han tenido el mismo tiempo que el resto para configurar el proyecto, definir candidatos y superar viejos enfrentamientos. Yolanda Díaz ya anunció en febrero que se retiraría de la primera línea y Gabriel Rufián lleva meses intentando convencer a todo el mundo de la necesidad de unirse para maximizar los resultados. Pero llegan al momento determinante con todo por hacer, ofreciendo una imagen de improvisación que es lo que todo manual político recomienda rehuir. Necesitan un golpe de efecto que haga bailar el tablero y difícilmente lo conseguirán solo con propuestas sobre vivienda, por muy radicales que sean, teniendo en cuenta que llevan gobernando el Estado desde 2019.

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Bebiendo de los mismos votantes

Sánchez llegó a la Moncloa un año antes de pactar el gobierno de coalición con Pablo Iglesias. Con él gobernando en solitario, el PSOE creció de los 85 a los 123 diputados en los primeros comicios de 2019 y obtuvo 120 en los segundos. En el mismo periodo, Unidas Podemos pasó de los 71 a los 42 y, finalmente, a los 38 (sumando a Más País). Y de los 156 diputados de las izquierdas estatales se pasó a 158. Sánchez devoró a los partidos a su izquierda para consolidarse en el gobierno. La historia se repitió hace tres años: 121 diputados del PSOE y un millón más de votos que cuatro años atrás, por 31 de Sumar y 700.000 votos menos. Las encuestas ofrecen ahora una fotografía similar de cara al 29-N. Si Sánchez solo crece —o aguanta— por la izquierda, PP y Vox tendrán vía libre hacia la mayoría absoluta.

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Los detalles de la semana

1.
Oraciones contra Sánchez

Si hay una constante en la sede del PSOE son los esporádicos que gritan en contra de Pedro Sánchez. El lunes, el día de la convocatoria de elecciones, también estaban allí: "Chorizo". Algunos, después, se unían a rezar el rosario en la parroquia del Inmaculado Corazón de María que hay en la misma calle Ferraz.

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2.
Apps para la unidad

Con las perspectivas bajo mínimos, la presión por la unidad a la izquierda del PSOE ha ido in crescendo con el paso de los días. Hay una fecha clave, el 16 de octubre, cuando se deben registrar las coaliciones. Y más allá de las negociaciones han empezado a aflorar webs, apps y encuestas por redes para reclamar un proyecto unitario: hay una que envía un correo electrónico directamente a todos los partidos implicados.