Valerio Rocco: "La gestión cultural del gobierno de Ayuso está siendo desastrosa"
Director del Círculo de Bellas Artes de Madrid
MadridEste 2026 uno de los edificios más icónicos del centro de Madrid celebra su centenario. Se trata de la sede del Círculo de Bellas Artes (CBA), una institución cultural privada y sin ánimo de lucro que se reivindica como una "referencia de libertad e independencia" en la capital del Estado. En los últimos años se ha focalizado en "abrirse a la ciudadanía" con iniciativas como el refugio climático —habilitan un espacio verde y gratuito que el verano pasado usaron 60.000 personas para protegerse del calor; el Festival de las Ideas, que lleva la filosofía a las calles, o la Bienal Ciudad y Ciencia, organizada en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona.
La buena acogida de estas propuestas entre gran parte de los madrileños contrasta con la del gobierno de Isabel Díaz Ayuso que, coincidiendo con la efeméride, ha recortado drásticamente la aportación que la Comunidad de Madrid (CAM) hace a la financiación de la entidad. De 250.000 euros en 2024 a solo 12.000 este año. Un gesto más simbólico que con una incidencia real en una institución que solo recibe un 7% de recursos públicos —también del Ayuntamiento de Madrid y del Ministerio de Cultura, que ha respondido aumentando 50.000 euros su aportación en 2026—. Valerio Rocco (Roma, 1984) es el director del CBA desde 2019 y habla de todo ello con el ARA.
El consejero de Cultura de Ayuso [Mariano de Paco] ha criticado públicamente vuestra programación. ¿En qué le incomodan?
— No sé qué es lo que puede incomodar. En una institución que cada año tiene 500 actos de programación propia y que acoge 500 más de programación externa es lógico que haya algunos enfocados a tratar cuestiones de actualidad política como puede ser la masacre inaceptable en Gaza o el papel de los Estados Unidos en el orden geopolítico. Esto pasa mientras tiene lugar una cátedra deAbc o un evento empresarial de una gran farmacéutica. El CBA es pluralidad y la diversidad de voces.
¿Cree que puede ser una acción enmarcada en su particular batalla cultural?
— [Con el menosprecio al refugio climático] creo que hay un intento de conectar con una determinada opinión pública que es negacionista del cambio climático, por ejemplo. Ahora bien, tampoco veo un programa de guerra cultural perfectamente orquestado con unas directrices ideológicas claras como podría ser el caso de [Giorgia] Meloni o [Steve] Bannon. Veo más bien un cierto desgobierno y desorganización.
¿Cómo describiría la política cultural del gobierno de Ayuso?
— Veo una política cultural que es más política que cultural. Yo no soy político, soy profesor de filosofía en la universidad y, después de seis años dirigiendo el Círculo de Bellas Artes, creo que tengo las herramientas para juzgar la gestión cultural de la Comunidad de Madrid. Si uno mira los grandes proyectos, desde los Teatros del Canal al ballet de la Comunidad de Madrid, hay un consenso bastante grande en el sector de que esta gestión cultural está siendo desastrosa. ¿Es por incapacidad de las personas que la dirigen? No estoy seguro, pero creo que es indiscutible que estas personas se han enfocado a hacer política en lugar de gestión cultural.
Parece que os habéis convertido en terreno de batalla entre el gobierno de Ayuso y el de Pedro Sánchez.
— A veces, efectivamente, creo que juegan a un juego de acción-reacción con el gobierno de España. Pero nos es difícil de entender lo que está pasando porque con los anteriores consejeros [de Ayuso] nuestra relación había sido siempre excelente. También es excelente la que tenemos con el Ayuntamiento de Madrid [del popular José Luis Martínez-Almeida] o con otras personas muy relevantes del PP nacional. No es un problema estructural sino ligado a las personas y eso nos hace ser optimistas.
En la CAM, por esto, hoy por hoy han decidido que solo financiarán proyectos concretos y no el conjunto de la institución. Los 12.000 euros son para una lectura continuada deEl Quixot. ¿Qué impacto tiene este cambio?
— Genera incertidumbre y mucha dependencia de las opiniones concretas de las personas que, en cada momento, ocupan los espacios de decisión. Se generan marcos poco transparentes y poco eficaces para instituciones que tendemos a programar a largo plazo. Y están haciendo lo mismo con los museos del Prado, Thyssen, Reina Sofía o el Ateneo de Madrid.
¿Cuál es el Madrid que aspiráis a representar?
— Un Madrid que no renuncia a pensarse, a cuestionarse, a ser crítico, a reflexionar y a juntarse con lo diferente para disentir, a través de argumentos, de manera educada y civilizada. A nosotros no nos asusta la polarización. Creemos que es muy buena en una sociedad, porque la vuelve viva, enérgica y genera pensamiento. El problema es que se tiene que materializar en debates argumentados y orientados al bien común.
También aspiráis a dialogar fuera de la ciudad.
— Nuestra apuesta fundamental de conexión ha sido Barcelona y Cataluña. Creemos mucho en este puente político y cultural. En pleno Proceso aquí se hizo un debate que tuvo un éxito extraordinario, que consistía en escuchar las demandas y malestares para, desde la humildad, intentar construir puentes. De Barcelona envidio mucho el impulso político que se da para coordinar la estrategia entre las instituciones culturales y el esfuerzo por conectar el mundo de la cultura y el de la universidad. En Madrid ha faltado una voluntad de las administraciones de alinear su enorme riqueza cultural.