CRÓNICA
Política 04/05/2021

Una hora para votar en Madrid: "Los jubilados no han tenido en cuenta a los trabajadores"

Todos los votantes tienen que ponerse una segunda mascarilla antes de entrar en el colegio electoral

4 min
Una doble cola de entrada en  un colegio electoral: a la derecha para mayores de 65 años, a la izquierda para menores de esta edad.
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Madrid"¡La cola da la vuelta a la manzana! No sé cuándo llegaré al trabajo". Es Noelia, que se exclama al teléfono fuera de su colegio electoral, el Centro Dotacional de Arganzuela, pero podría ser la reacción en la mayoría de centros de votación hoy en la Comunidad de Madrid. Por ejemplo en la urbanización de Galapagar, donde el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, tenía 55 personas delante; en Chamberí, donde la presidenta madrileña y candidata del PP a la reelección, Isabel Díaz Ayuso, también ha tenido que esperar, o en el barrio humilde de Carabanchel, feudo de la izquierda. Largas colas, de más de una hora en algunos casos, desde primera hora de la mañana que contrastan con las de Catalunya el 14 de febrero, donde la participación se desplomó hasta un 54%. Las acompaña un día de solo radiante después de semanas de lluvias y cielos grises.

Sofia tiene 24 años, teletrabaja para una ONG suiza y ha pedido permiso para empezar más tarde. A las 9 h en punto estaba en el colegio pero ya se ha encontrado a mucha gente delante. "Pensaba que los jubilados nos dejarían la primera hora, pero no han tenido en cuenta a los trabajadores...", lamenta. Cuatro lugares más atrás está María Victoria, pensionista de 71 años, que dice que ella tiene derecho a votar a cualquier hora, a pesar de que se recomendaba que los mayores de 65 años lo hicieran entre las 10 y las 12 h para evitar aglomeraciones. Sin que se le pregunte ya confirma que votará a Ayuso. "Ayuso y no el PP: porque Madrid ha tenido pocos contagios en comparación con la tasa de contagios de coronavirus teniendo en cuenta la poca movilidad que experimenta", asevera.

Doble cola en el exterior del Centro Dotacional de Arganzuela, uno de los colegios electorales del centro de Madrid.

La mayoría de los preguntados en la cola, muchos de los cuales personas mayores, también votarán a Ayuso. Es el parecer entre mucha de la gente que espera: "Es un valor seguro", dice Rita. "Ella se ha atrevido con Sánchez", añade Imanol. El parecer cambia entre la gente joven del barrio de Arganzuela, situado entre Lavapiés, Atocha y la M-30, cerca del centro de la capital española. Mientras Sofia afronta el día con "resignación", creyendo que su voto por Más Madrid no cambiará las cosas pero "se tiene que intentar", Ana se muestra "terriblemente optimista", pide "no hacer caso al ruido" y celebra la amplia participación. Laura, de 34 años y maestra de profesión –tanto ella como su hija de 2 años van ataviadas con una camiseta verde de apoyo a la escuela pública–, también intenta ser positiva: votará a Iglesias en lo que aventura que será su "particular" despedida a Podemos porque cree que Más Madrid "tiene más recorrido".

Tres colas en función de la edad

La cola avanza poco a poco pero a las 10.15 h deja de ser la cola bien organizada, con un metro y medio de espacio de seguridad entre personas, para convertirse en dos apiñadas. Acaban de anunciar que los mayores de 65 años tienen preferencia y que se pongan en una fila prioritaria. Pero la distancia de seguridad acaba de pasar por alto. La conversación entre votantes gira ahora alrededor de cuándo recibirán la segunda dosis y los efectos secundarios que han notado. También sobre si tendrían que tener preferencia los mayores. "Yo tengo 90, ¿no puedo pasar delante?", pregunta. Amalia responde: "A mí me cuesta estar de pie con bastón, tengo 85, ¡pero estoy muy mal!" Las personas con impedimentos para andar, si van acompañadas, tienen prioridad total, pero hay tantos jubilados que piden prioridad que seguridad empieza a limitar la circulación.

Una sanitaria repartiendo mascarillas acabadas de abrir a cada elector para que se las pongan sobre la mascarilla que ya llevan.

Ya es el momento de entrar en el colegio electoral y, a diferencia de Catalunya, una sanitaria da a cada elector una mascarilla que previamente ha sacado de un envoltorio de plástico individual. Hay que ponérsela sobre la mascarilla que ya se lleva de casa y después desinfectarse las manos. Dentro del colegio es un oasis: ni rastros de colas. Ni un poco de aglomeraciones. El filtraje y el control de aforo funcionan. Se ha duplicado el espacio y hay un máximo de dos mesas por habitación. Una vez se vota se sale por otro lado para no mezclarse con la cola de la entrada.

"Todo parece que está bastante organizado", apunta Maria, una catalana residente en Madrid desde hace 12 años. Le contrastan las colas con la poca participación que hubo el 14 de febrero en Catalunya. Del protocolo electoral, solo discrepa en que no se dote de equipos de protección individual a los miembros de las meses de 19 a 20 h, cuando está previsto que voten los positivos. Como mucho, en este caso, se han facilitado pantallas. La Comunidad de Madrid cuenta con que a esta hora es cuando hay más flujo de votantes que salgan del trabajo y ya avisa de que algunos colegios tendrán que cerrar tarde por colas.

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