Generalidad de Cataluña

Jordi Pujol y los 7 presidentes que suman 23 años en Palau

La estabilidad de los gobiernos de Pujol contrasta con la situación de incertidumbre de las últimas décadas en Cataluña

05/04/2026

Barcelona"En esta nueva etapa no pensamos que sea conveniente un gobierno de unidad catalana. Debemos consolidar las instituciones y acostumbrar el país a la presidencia de la Generalitat, pero ha llegado el momento de gobernar". Probablemente no imaginaba que lo haría durante 23 años consecutivos, pero al día siguiente de las elecciones de 1980, un triunfante Jordi Pujol ya comenzaba a visualizar que su principal misión tendría que ser la creación de la Catalunya autonómica. Este año hace 46 años desde que Pujol fue investido presidente y se da la curiosa circunstancia de que ya hace tantos años que no gobierna como los que pasó al frente de la Generalitat.

Josep Tarradellas cedió el testigo al primer presidente catalán electo desde 1940, el 126º en el recuento histórico. Especialmente los primeros años de Pujol son los de las grandes obras. Se definió el modelo catalán de salud, la escuela catalana –con la complicidad de socialistas y comunistas–, el estatus de la lengua catalana, se crearon TV3 y Catalunya Ràdio, se impulsaron las estructuras del estado del bienestar, se empezaron a recuperar los Mossos d'Esquadra... Todo estaba por hacer y Pujol se marcó la prioridad de hacerlo siguiendo el espíritu del "Catalunya, un sol poble", y se propuso una especie de proyecto de reconstrucción nacional después de cuarenta años de franquismo.

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Tres mayorías absolutas (1984, 1988 y 1992) le dieron la legitimidad para persistir en su idea de país –a pesar del varapalo de la investigación judicial del caso Banca Catalana–, pero a partir de 1995 CiU empezó a dar síntomas de desgaste. En total, 23 años en la Generalitat, con mayorías holgadas o acuerdos parlamentarios sólidos –con ERC en 1980 y con el PP, tanto en Cataluña como en Madrid, en la última etapa– que definen un periodo fundamentalmente de estabilidad política. En los 23 años siguientes, Cataluña ha tenido siete presidentes, prácticamente todos de una sola legislatura que, a menudo, ha acabado antes de tiempo y, especialmente en los últimos años, sin capacidad de sacar adelante leyes importantes y grandes proyectos. ¿Cómo se explica?

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"Hay una tendencia general en las democracias occidentales y europeas a la fragmentación y a la volatilidad. Más partidos y más cambio de voto de unas elecciones a otras", comenta el profesor de ciencia política en la Universidad de Barcelona Jordi Muñoz. El desalineamiento con los partidos y la pérdida de confianza en las instituciones y la democracia son un factor clave que explica, según él, la volatilidad del voto. También los efectos todavía no superados de la crisis económica que comenzó en 2008. "Es una receta perfecta para la inestabilidad", subraya.

En los últimos 23 años, el PSC es quien más presidentes ha tenido, tres, y también quien más años ha ocupado la presidencia, ocho años y ocho meses; la desaparecida CDC ha tenido dos; Junts, que comenzó en 2017 aún sin una estructura de partido, ha tenido uno y ERC otro, a pesar de que los republicanos han sido el partido que más años ha estado en el Gobierno, 14 años y medio (en los dos tripartitos, en los gobiernos de Puigdemont y Torra y en el que encabezó Pere Aragonès).

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Un Dragon Khan que no perdía votaciones

El tripartito que relevó a Pujol en la presidencia es a menudo recordado por sus detractores como el "Dragon Khan", por la supuesta inestabilidad política que representaba tener tres partidos en la Generalitat. En conversación con el ARA, el 128º presidente catalán, José Montilla, no está nada de acuerdo: "No había cultura de la coalición. Se nos pedía un nivel de uniformidad que no era realista y de cualquier detalle se hacía un gran escándalo. Pero el gobierno que yo presidí durante cuatro años no perdió ninguna votación en el Parlament y aprobó siempre los presupuestos cuando tocaba". Antes de Montilla, fue Pasqual Maragall quien hizo la primera alternancia política en Cataluña. "Aquello fue muy importante para la democracia", recuerda Montilla, convencido de que durante el pujolismo "se había acabado confundiendo el país, con el partido y el presidente Pujol". El despliegue del Estatut, con la gran cantidad de leyes y de nuevas instituciones que se crearon, y las políticas sociales y en los barrios ("maestros, médicos y mossos") considera Montilla que definen aquella etapa.

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Artur Mas tampoco cree que a su presidencia (dividida en dos legislaturas cortas) se la pueda calificar de inestable. "Yo llegué en 2010 con 62 diputados y, después, conseguimos 50", destaca, y reivindica los pactos de estabilidad a los que llegó, primero con el PP y después con Esquerra. "Cuando cada vez hay más fragmentación, la falta de destreza política y de liderazgo lleva a gobiernos débiles que no tienen mayorías para construir prácticamente nada", destaca en referencia a los gobiernos que han venido después del suyo. La crisis de 2008 se agravó a partir de 2010 y los recortes públicos fueron la tónica de los primeros años de Mas en la Generalitat. "La austeridad impuesta por los alemanes no dejaba ningún margen. El único margen era recortar lo mejor posible sin tocar el núcleo duro de los servicios públicos", afirma el 129º presidente.

Además, la mayoría absoluta del PP de Mariano Rajoy en Madrid daba pocas esperanzas de negociación con el Estado para crecer en autogobierno –el pacto fiscal–, a pesar del auge del procés soberanista, que se consolidó durante su segunda legislatura a partir del 2012. "Intentamos canalizar el Procés, que había surgido de la ciudadanía, y creo que lo hicimos con éxito los primeros años (en 2014 se celebró el 9-N), aunque después algunos abrieron las compuertas del embalse y se desbordó todo", reflexiona. La declaración del president Pujol en que confesó que había tenido dinero en Andorra –ahora se celebra el juicio contra su familia– también fue un misil en la línea de flotación de la Generalitat y de Convergència, recuerda Mas, y poco después el partido –también perseguido judicialmente por corrupción– acabó desapareciendo.

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Auge y muerte del Procés

A Mas le sucedió de manera imprevista Carles Puigdemont, ante el veto de la CUP a su investidura. La de Puigdemont fue la legislatura del referéndum de independencia del 1-O. "Fue una legislatura corta, pero profunda y comprometida, tanto en la gestión del día a día –el país funcionó muy bien– como en el proyecto nacional, a partir de la unidad de las fuerzas políticas y la sociedad civil movilizada", explica a el ARA el 130º presidente, que todavía vive exiliado en Bélgica perseguido por la justicia española. Él, como todo su gobierno, fue destituido por el Estado el mismo día que se declaró la independencia en el Parlament (27 de octubre de 2017) y Cataluña se quedó sin presidente por la aplicación del artículo 155 de la Constitución durante casi siete meses. Puigdemont se muestra convencido de que la inestabilidad que hace años que vive la política catalana tiene su origen en la "dependencia de un estado español cada vez más centralista y asfixiante", con sus "cloacas" y partidos, todos ellos "alineados para impedir el progreso económico, social, cultural, lingüístico y político de Cataluña".

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Una diagnosis que comparte, en parte, el 131º presidente. "La autonomía se colapsa. No podemos aspirar a sobrevivir siendo una autonomía de España y este cambio de mentalidad rompe la pax pujoliana", expresa Quim Torra en conversación con el ARA. Él, sin embargo, es uno de los miles de ciudadanos "decepcionados y enfadados" por cómo ha acabado el Procés. "Yo me presenté a las elecciones ambicionando la independencia y no llega; por tanto, fracaso como presidente", concluye. Terminó su presidencia antes de tiempo inhabilitado por haber mantenido una pancarta en apoyo de los presos políticos en la fachada de la Generalitat. La represión al movimiento independentista fue uno de los factores que hicieron que su gobierno actuara "de forma reactiva y no propositiva". En la fase final de su presidencia, la pandemia mundial hizo cambiar el orden de prioridades: "A pesar de la enorme dificultad y los problemas que hubo, estoy razonablemente satisfecho de la gestión que hicimos".

Pere Aragonès asumió la presidencia de la Generalitat primero de manera interina con la inhabilitación de Torra y, después de sudar un acuerdo con Junts que le costó tener que presentarse tres veces a la investidura, finalmente se convirtió en el 132° presidente de Cataluña. "En mi etapa la Generalitat se implicó de lleno en la negociación política con el Estado para resolver el conflicto político", destaca. De allí salen la mesa de diálogo y los acuerdos para los indultos a los presos políticos y también carpetas como las del nuevo modelo de financiación y el traspaso de Rodalies. Aragonès destaca la gratuidad de la enseñanza infantil para los niños de 2 años como una de las medidas para simbolizar la apuesta social de su ejecutivo, que cuando llevaba un año funcionando vio cómo perdía un socio clave para la estabilidad, ya que Junts abandonó el Govern como respuesta a la destitución del vicepresidente, Jordi Puigneró. Aragonès fue el primer presidente de una Generalitat operativa de ERC desde Lluís Companys.

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Ahora vuelve a ser el turno del PSC. Salvador Illa es el tercer presidente socialista de la Generalitat y el primer no independentista desde 2010. "Intento que la Generalitat esté al servicio de todos los catalanes, después de una época en que ha podido haber percepciones de que no era así", afirma en conversación con el ARA. La colaboración con el gobierno español para alcanzar el "liderazgo" de Cataluña en el Estado y "la excelencia en los servicios públicos" son sus compromisos. "Tenemos que reconectar con aquello que se había perdido", insiste. Illa se ha marcado un proyecto de 10 años, pero lo ha iniciado con un gobierno lejos de la mayoría absoluta y con muchos problemas para encontrar socios estables.