El "oasis catalán" versus el Madrid de la crispación
El empresariado critica el ambiente político en la capital del Estado, que contrasta con el momento de "normalización" en Cataluña
Madrid"Catalunya es ahora un oasis". La frase lleva el sello de un cargo directivo de una cotizada empresa del Ibex 35 que trabaja y vive en Madrid, pero a menudo visita el Principado –de hecho, es catalán– y la verbalizó en uno de los cócteles de Navidad organizados por empresas e instituciones que llenan la capital española antes del receso por fiestas. El concepto, de hecho, comienza a hacer fortuna para contraponer el ambiente en Catalunya con lo que se respira en Madrid. En el mundo económico son numerosas las voces que coinciden en que en la capital española se vive un momento excepcional, marcado por la crispación política y las descalificaciones constantes entre los dos grandes partidos, el PP y el PSOE. Un clima que no ofrece el ambiente óptimo para realizar negocios y que fomenta –consideran– el crecimiento de formaciones como Podemos, pero también Vox, "extremos" que no les interesan, explica otra fuente empresarial. "[En Madrid] La crispación es constante. Una crispación a navajazos", opina el propio directivo, que asegura que "no pasa a ninguna parte" fuera de la capital española: "Vas a Asturias o Galicia y sedes con los dos [PP y PSOE] en una misma mesa".
La órbita de la gran empresa, buena parte de la que se concentra en Madrid, convive con cierta resignación con ese escenario. Aunque algunos no pierden la esperanza de que en algún momento lleguen los grandes pactos de Estado, otros lo ven una "misión imposible" y ponen de ejemplo la ley del suelo o el decreto energético antiapagones, al que el PP no apoyó pese a la presión de las energéticas. En este contexto, se habla de la conformación de una burbuja del empresariado ajena a la pelea política, aunque su lobi siempre sea latente –un ejemplo evidente fue la presión entre bambalinas para descarrilar el impuesto extraordinario a las energéticas.
¿Qué es el oasis catalán? La elección de este concepto no es baladí, porque remite al ambiente político que había en Cataluña antes del Proceso, especialmente durante los gobiernos de Jordi Pujol, aunque originariamente el oasis catalán lo construyó la burguesía catalana intensificando sus relaciones para combatir el centralismo de Madrid. Esta segunda acepción hace que una voz cercana al empresariado catalán considere que es una comparación "exagerada".
Sea como fuere, lo que expresa el oasis catalán es la percepción de los empresarios que, desde la llegada de Salvador Illa a la Generalitat, la "normalización política" se ha materializado: ya no da "miedo" hablar de grandes inversiones –varias empresas han vuelto a situar a Catalunya en el punto de mira de sus planes: el sector de la defensa, pero también el de la banca–; de acoger la organización de eventos o de recibir con los brazos abiertos a las compañías que después del 1-O decidieron marcharse de Catalunya –el Banco Sabadell ha sido una de las últimas en hacerlo en medio de la opa hostil del BBVA–. De las 4.500 empresas que trasladaron su sede, han devuelto unas 740, según los últimos datos aportados por la compañía Informa BD. Destacan los retornos de la Fundación La Caixa y su holding Criteria, la cementera Molins o Laboratorios Ordes. En cambio, CaixaBank o Naturgy siguen fuera.
A todo ello se le suma el cambio al Ayuntamiento de Barcelona, ahora bajo gobierno de Jaume Collboni. Es "la clave" de todo ello, asegura una fuente del más alto nivel del entorno de la patronal española, que cree que es en el consistorio barcelonés donde realmente se ha notado la diferencia, y no tanto en la Generalitat. "Es radical, nada que ver con [Ada] Colau", afirma.
Visitas continuadas a Madrid
Pero toda esta "normalidad" no se cocina sólo desde Cataluña, como podía hacer la burguesía del siglo XIX. Esta vez, es la propia Generalitat que también la cocina desde Madrid, donde Salvador Illa ha viajado en reiteradas ocasiones desde que fue investido presidente. La última, de hecho, fue el pasado 18 de noviembre por entregar el Premio Blanquerna, que no se daba desde 2017, coincidiendo con el punto álgido del Proceso. Y si no hubiera sido por el estallido de la crisis derivada de la peste porcina africana, Isla habría asistido a la celebración en el Congreso del Día de la Constitución, en la que la solemnidad institucional quedó eclipsada, precisamente, por la trifulca política entre el PP y el PSOE.
El año pasado el presidente catalán recuperó la asistencia a eventos como estos después de años de ausencia de sus predecesores. "Normalidad institucional", defendía ya entonces. También ha habido encuentros bilaterales con Pedro Sánchez, la asistencia al desfile militar un doce de octubre, una foto con Felipe VI, la participación en la feria de turismo Fitur o la presentación de su modelo económico en un gran acto en el Círculo de Bellas Artes, en el corazón de Madrid, ante personalidades del mundo político, social y empresarial en marzo de 2025. entonces uno de los asistentes al acto. Hoy, lo reitera una fuente de la patronal española.
Durante estas visitas se sabe que Isla se encuentra también con distintos empresarios, pero a puerta cerrada. Es, de hecho, una agenda "privada", argumentaron en más de una ocasión desde su equipo, cuando se preguntó por los encuentros que tiene el presidente en el marco de uno de esos viajes institucionales a la capital española. En este contexto, fuentes empresariales y sindicales han asegurado al ARA que Salvador Illa y su gobierno están moviendo "más que nunca" los hilos para que algunas inversiones –como las del sector de la defensa, que ahora vive un momento dulce– lleguen a Catalunya. Y lo hacen de forma concertada con la Moncloa.
Isla hace tiempo que se puso entre ceja y ceja hacer el sorpasso en la capital española defendiendo un modelo económico que se aleje de lo que plantea, precisamente, Isabel Díaz Ayuso. "A las grandes empresas todavía no les echa atrás esta crispación [en la capital española]", opina una fuente consultada, que recuerda que los grandes centros de poder continúan, de momento, en el km 0 del Estado. "Siguen jugando", concluye.