Pedro Sánchez, líder supremo de la izquierda mundial... ¿pero importa?

MadridPedro Sánchez perseguía proclamarse como líder de la izquierda mundial este fin de semana en Barcelona y lo ha conseguido. Volver a hacer hincapié en esto en esta pieza sería repetir un análisis que ya está hecho del derecho y del revés desde que el presidente español ha intensificado su pulso con Donald Trump. No solo se ha escrito sobre esto en los medios catalanes y estatales, sino que ha sido reconocido como la "némesis" del norteamericano por las grandes cabeceras internacionales. Barcelona ha sido el colofón de esta estrategia, que es el único as en la manga que le queda a Sánchez para intentar quedarse en la Moncloa, junto con el miedo a los gobiernos del PP y Vox que comenzarán a actuar después de este ciclo electoral autonómico.

Con esta estrategia, la sala de máquinas de los socialistas no pretende hacer nuevos adeptos, sino movilizar a los suyos. Tienen los datos demoscópicos muy estudiados y saben que alguien que odia a Pedro Sánchez –porque este es el nivel de animadversión que hay en otras partes del Estado, sobre todo en Madrid– difícilmente cambiará su voto en este punto de la película. Ahora bien, sí que con el marco de "O Sánchez o Trump" pretenden desincentivar la participación de los votantes de la derecha y de la extrema derecha y animar la de la izquierda.

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El razonamiento es el siguiente: teniendo en cuenta que el panorama internacional está como está, pretenden que el votante de Vox y PP piense que, a pesar de que Sánchez no les guste, es peor tener un gobierno que aparezca como aliado del presidente norteamericano con la acción que está llevando a cabo en Irán –con el precedente de la guerra de Irak y los ataques terroristas posteriores a Europa–. En estos términos, es muy relevante el resultado de las mid-term

de los Estados Unidos del mes de noviembre, ya que si los Demócratas remuntan, Sánchez aparecerá como el que tenía razón y Trump como el que estaba equivocado. Esto puede ser desmoralizador para la derecha y puede insuflar de ánimos a la izquierda, justo pocos meses antes de las próximas elecciones españolas.

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Por lo tanto, desde el punto de vista del PSOE, no solo sí que importa que Sánchez aparezca como líder de la izquierda mundial y opositor a Trump, sino que es una condición sine qua non de su estrategia. Ahora bien, la pregunta es si esto importa al votante. Es decir, si funcionará la estrategia del PSOE para la remontada. Para responderlo, habrá que esperar a las elecciones españolas, porque solo allí los votantes fiscalizarán realmente Pedro Sánchez y votarán pensando en él como presidente del gobierno español. Lo que nos dice la demoscopia hasta ahora es que poca gente va a las urnas pensando en la política internacional, pero en un mundo cambiante como el nuestro, nada está escrito. Lo que sí que podemos constatar ya es que no sirve para Andalucía: en las elecciones del 17 de mayo, los números continúan siendo malos para María Jesús Montero después de haber dejado el ministerio, hasta el punto que Juan Manuel Moreno Bonilla roza la repetición de la mayoría absoluta a pesar del auge de Vox.

Ay, la geografía

Todos los líderes mundiales en Barcelona se han pronunciado a favor de la paz y el multilateralismo, enmendando la política de Donald Trump. Ahora bien, hay matices. Los jefes de gobierno de América Latina, desde Sheinbaum en República Dominicana pasando por Brasil, han procurado decir cuando se les ha preguntado que esto no era una "cumbre anti-Trump". Ay, la geografía... sí que importa, como dicen los clásicos, ya que no es lo mismo ser la antítesis de Trump con el Atlántico de por medio, que tenerlo de vecino a las puertas de tu casa.

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¿Dónde está el independentismo?

Desde tiempos inmemoriales el soberanismo había aprovechado cualquier acontecimiento internacional que sucedía en Barcelona para exhibirse. El exponente más elevado de esto fueron los Juegos Olímpicos. Después, el independentismo siguió haciendo lo mismo durante el Procés. La novedad de esta cumbre progresista es la falta de acción desde el soberanismo (más allá de algún gesto de la CUP y el tuit de Puigdemont) para reivindicar cualquier cosa. Una evidencia más de la desmovilización que vive el movimiento.